Buscan evitar que Chávez obtenga réditos
de la confrontación con Bush
WASHINGTON.- El gobierno de Estados Unidos extremó
su bajo perfil diplomático en la antesala
de las elecciones presidenciales de Venezuela que
se realizarán este domingo, para evitar que
Hugo Chávez pueda obtener réditos
electorales de una eventual controversia, confiaron
a LA NACION fuentes consultadas en esta capital.
A diferencia del protagonismo que adquirió
su embajada en Nicaragua, el embajador en Venezuela,
William Brownfield, redujo su exposición
política, lo que también quedó
en evidencia ayer en el Departamento de Estado,
en esta capital, tras el aparente triunfo de un
posible aliado de Chávez en Ecuador, Rafael
Correa.
El vocero jefe del Departamento de Estado, Sean
McCormack, evitó aludir al mandatario venezolano,
aún cuando un periodista le preguntó
sobre la "estrecha relación" de
Chávez y Correa. "Estamos listos para
trabajar con cualquier gobierno democrático
de la región", afirmó McCormack,
lo que ejemplificó con la relación
que Estados Unidos mantiene con Bolivia. "No
coincidimos en todo, pero encontramos formas de
trabajar juntos", explicó.
El subsecretario de Estado para América
latina, Tom Shannon, impulsó este cambio
de estrategia -silencio público, pragmatismo
diplomático y contactos reservados-, revirtiendo
la senda que siguió su antecesor en el cargo,
Roger Noriega, célebre por sus confrontaciones
públicas.
Las diferencias quedaron en evidencia en los últimos
meses, cuando Shannon operó en las sombras
junto a otros países para impedir que Venezuela
reemplazara a la Argentina en el Consejo de Seguridad
de la ONU. A la hora de lidiar con Venezuela, Shannon
optó además por coordinar tácticas
con Brasil, México, España y, en menor
medida, la Argentina, mientras que Washington también
gira millones de dólares desde hace años
a organizaciones no gubernamentales críticas
del régimen bolivariano.
La Agencia de Desarrollo Internacional norteamericana
(Usaid) aportó más de 25 millones
de dólares durante los últimos cinco
años, lo que enfureció a Caracas.
Pero la ayuda "se enfoca en fortalecer la sociedad
civil en Venezuela, un elemento crítico de
cualquier democracia saludable", expuso el
vocero de la agencia, David Snider.
En este panorama, Chávez rara vez alude
en público y por su nombre a su futuro rival
en las urnas, Manuel Rosales. El y su equipo prefieren
caracterizar la contienda como una elección
entre él y Bush, a quien en los últimos
años calificó de "borracho",
"loco" y "diablo", entre otros
epítetos.
A principios de este mes, por ejemplo, su vicepresidente
José Vicente Rangel organizó un acto
para difundir la publicación del libro "
Bush v. Chávez: la guerra de Washington contra
Venezuela" , y el 14 de este mes dijo que "Bush
está obsesionado con derrocar a Chávez
como sea".
Hacia otros seis años
Pero la administración republicana conserva
su silencio, en la misma línea de las recomendaciones
que difundió ayer un informe del influyente
Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, en inglés),
sobre la relación bilateral. "Estados
Unidos debe hacer caso omiso de la «retórica
estridente» de Chávez" y prepararse
para otros seis años "con el polémico
líder", resumió el informe, redactado
por el editor jefe para América latina del
diario Financial Times , Richard Lapper.
"Estados Unidos debe verse en la región
como alguien que pasa por alto los dramas de Chávez
y procurar trabajar con pragmatismo en temas de
interés bilateral y regional", como
la lucha contra la pobreza o la seguridad fronteriza,
mientras continúa el intercambio comercial.
"El 60% de las exportaciones petroleras del
país se destinan a Estados Unidos",
recordó.