APM
Primero fue Brasil, a fines del año pasado.
Una semana después le tocó el turno
a Argentina. Y ahora Uruguay se suma a sus socios
mayores en la tendencia a cancelar los compromisos
con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en forma
anticipada. La Administración del presidente
Tabaré Vázquez, a través de
su ministro de Economía, Danilo Astori, anunció
ayer que su país va a cancelar toda la deuda
con el Fondo por 1.080 millones de dólares,
adelantado vencimientos que debían ocurrir
en 2008, y de esta forma ponen fin al programa económico
vigente hasta esa fecha.
El titular de la cartera económica explicó
que el pago se genera con recursos obtenidos tras
el ordenamiento de deuda y de la operación
de permuta y recompra realizado en los últimos
días, en el que se obtuvieron 800 millones
de dólares en vencimientos. También
se recurrió a los activos del Banco Central
del Uruguay (BCU), pero sin tocar las reservas netas.
En declaraciones a la prensa uruguaya, el ministro
destacó que con esta medida Uruguay ya no
va a estar regido por el programa económico,
pero aclaró que no se rompe el vínculo
con el FMI, con el que a partir de aquí en
más se va a mantener "una relación
amistosa y prolija" para el intercambio de
opiniones.
“Queremos compartir con ustedes la iniciación
de una nueva etapa con el FMI, que tiene tres características:
la cancelación total con el organismo, la
cancelación del programa vigente (...) y
en tercer lugar el mantenimiento de aquí
en adelante del intercambio de información”,
dijo el ministro Astori a los periodistas.
El gobierno pagó este año al organismo
internacional unos 1.546 millones de dólares
correspondientes a vencimientos del 2006 y 2007.
Las negociaciones habían comenzado el martes
pasado, y se esperaba un anuncio de este tenor.
Argentina también había realizado
la misma operatoria a fines de 2005, pero con otro
tenor. El Gobierno del presidente Néstor
Kirchner sí atacó al Fondo y lo responsabilizó
por la crisis económica en la que Argentina
se sumergió entre 1998 y 2003.
Por su parte, el Fondo desahoga su situación
financiera propia, que se había agudizado
entre 2000 y 2003, cuando el 80 por ciento de sus
préstamos estaba otorgado a cinco naciones
por entonces “insolventes”: Argentina,
Brasil, Indonesia, Rusia y Turquía. Pero
de ellas, sólo el país del sur de
Asia todavía no pagó lo adeudado.