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Lunes 30 de Octubre de 2006
LULA FUE REELEGIDO EN BRASIL CON UNA ROTUNDA VICTORIA

SAN PABLO.– Las urnas confirmaron el pronóstico de las encuestas: con algo menos de 60 millones de votos, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva obtuvo ayer una rotunda victoria en la segunda vuelta de las elecciones brasileñas y fue elegido para un nuevo mandato, que concluirá en 2010.

“Continuaremos gobernando para todos, pero seguiremos prestándoles más atención a los más necesitados. Los pobres tendrán preferencia en nuestro nuevo gobierno”, declaró Lula durante una conferencia en un hotel de San Pablo, poco después de que su adversario, Geraldo Alckmin, lo llamara para felicitarlo por el triunfo.

Lula, candidato del Partido de los Trabajadores (PT), venció con el 60,8% de los votos, aproximadamente 58 millones de sufragios. Alckmin, candidato del Partido Social Demócrata de Brasil (PSDB), obtuvo el 39,2% de los votos (37 millones de sufragios). Es prácticamente la misma diferencia con la que Lula venció en el ballottage de 2002.

“El pueblo sintió la diferencia en la mesa, en el bolsillo y en el plato”, dijo Lula. Fuertemente apoyado por los sectores más pobres del país, beneficiados por políticas de auxilio social, el presidente venció con el lema de campaña “Lula de nuevo, con la fuerza del pueblo”.

A pesar de los escándalos de corrupción que dejaron su gobierno al borde del impeachment o la renuncia, en 2005, Lula se mantuvo primero en las encuestas durante la campaña electoral por el ballottage y salió fortalecido de las elecciones de ayer. “Agradezco la sabiduría del pueblo, que supo diferenciar lo que era verdad de lo que no era”, aludió.

Consultado sobre la relación de Brasil con el Mercosur y la región, Lula afirmó que para Brasil “el Mercosur es una pasión”. “Cuando ganamos las elecciones era considerado algo extinguido, y sólo se hablaba del ALCA [Area de Libre Comercio de las Américas] (...) Ahora no se habla más del ALCA. Ya incluimos a Venezuela en el Mercosur, y México quiere entrar como socio. El Mercosur va a continuar fortaleciéndose.”

Lula dijo que “nunca hubo una relación tan fuerte entre Brasil y la Argentina” y que “los argentinos saben perfectamente qué necesitan de nosotros y qué necesitamos nosotros de ellos. De la misma forma en que tratamos con igualdad a Uruguay y Paraguay. Brasil y la Argentina tienen responsabilidad de ayudar a los países más pobres”.

Rodeado por casi todos los ministros, se sentía la ausencia de los viejos compañeros con los que llegó al poder en 2002, muchos de ellos desplazados del gobierno por denuncias de corrupción. “Nos cansamos de ser una potencia emergente. Queremos crecer”, clamó Lula.

Durante el que fue su primer discurso como presidente reelegido, Lula anunció: “La política fiscal continuará siendo dura. Porque yo aprendí, y no fue en la facultad, que no se puede gastar más de lo que se tiene”. Y señalando a sindicalistas que estaban presentes en el hotel, les dijo que “reivindiquen todo lo que crean necesario”. Pero provocó risas al concluir: “Vamos a dar apenas lo que no afecte la responsabilidad fiscal”.

Dos de cada tres brasileños votaron por Lula, que disputó su quinta elección consecutiva –todas desde la recuperación de la democracia–. Al votar, Lula volvió a aludir al asunto que se convirtió en su obsesión: la necesidad de concertación política en el nuevo mandato.

“Quiero conversar con todos los partidos políticos de la oposición y del oficialismo y con los gobernadores. Vamos a tejer las alianzas necesarias para que podamos tener tranquilidad y aprobar todos los grandes proyectos que yo creo que Brasil necesita”, dijo, dando por sentado una actitud conciliadora de la oposición que no será tan fácil (ver pág. 3).

Los laderos de Lula también pasaron el día sintonizados en el discurso de su jefe. “Más allá de los nombres elegidos [para el nuevo gabinete], lo que importa es que se haga una amplia alianza política de entendimiento nacional”, afirmó la ex intendente de San Pablo Marta Suplicy, que puede llegar a ser ministra de Ciudades.

Tarso Genro, ministro de Relaciones Institucionales, dijo que el gobierno iniciará inmediatamente conversaciones con los gobernadores socialdemócratas José Serra y Aecio Neves para una concertación política.

Durante su primer discurso, ayer, Lula dijo que pretende llamar “a todo el mundo para conversar” y deslizó una indirecta hacia el ex presidente Fernando Henrique Cardoso: “Los que no quieran conversar que digan por qué no lo quieren hacer”.

Cardoso había avisado que no es favorable a una concertación. “El PSDB tiene que mantener una oposición programática, no entrar en concertación”. Y le disparó a Genro, que critica a Cardoso por atacar un pacto nacional: “No tiene autoridad moral para decir nada porque él pidió mi impeachment en 1999”.

Volver a gobernar

Ayer hubo ballottage también en diez de los 27 estados brasileños. De los 17 que definieron el resultado en primera vuelta nueve eligieron gobernadores aliados a Lula. En esta elección vencieron otros seis candidatos aliados al presidente. La importancia de los gobernadores se debe a que suelen comandar políticamente los representantes legislativos, algo vital para obtener apoyo en el Congreso para la aprobación de leyes (ver aparte).

De los cuatro estados con mayor población y peso económico –San Pablo, Minas Gerais, Río de Janeiro y Bahía–, el presidente tiene adversarios en los primeros dos y aliados en los últimos. Por eso su interés en mantener una relación de cooperación con San Pablo y Minas Gerais, de José Serra y Aecio Neves.

La elección transcurrió en un clima de tranquilidad. La votación llegó cuando ya no había dudas de la victoria de Lula. Y a diferencia de la elección pasada, cuando lo inédito de la llegada de Lula al poder despertó una atención enorme en Brasil y en el mundo, la expectativa de una continuidad les restó curiosidad y emoción a los comicios.

Lula sale de la elección con su capital político fortalecido por una elección contundente, que logró aplacar las heridas que los escándalos de corrupción dejaron en su mandato. Ayer, antes de que las urnas electrónicas arrojaran el resultado, Lula apeló a las metáforas futbolísticas, que se volvieron su marca registrada: “Esto es como cuando termina un campeonato de fútbol: al día siguiente comienza otro. Mañana [por hoy] tengo que volver a gobernar Brasil”.


  Opiniones


  Otras noticias

Una votación en paz y con menos entusiasmo

RIO DE JANEIRO (EFE).- En paz pero con menos entusiasmo que en la primera vuelta, los casi 126 millones de electores brasileños regresaron ayer a las urnas para elegir presidente y gobernadores de diez estados.

Un elector que murió de un infarto en Recife, algunas detenciones de personas que insistían en realizar propaganda electoral frente a las urnas y el robo de una urna electrónica en la Amazonia fueron algunos de los escasos incidentes registrados.

En la mayoría de las ciudades los electores, obligados a votar por ley, acudieron a las urnas en un ambiente de apatía, con excepción de los estados donde la disputa parecía más cerrada y los ánimos estaban más encendidos. En el resto, las calles permanecieron prácticamente vacías durante el día.

La movilización de los partidos fue significativamente inferior para el ballottage, a diferencia de la primera vuelta, cuando decenas de militantes fueron detenidos por hacer proselitismo político en los colegios electorales o en sus proximidades. Ayer casi no se registraron casos semejantes.

En Río de Janeiro, que amaneció bajo la lluvia y en la que el sol apenas apareció tímidamente, eran pocas las personas que vistieron camisas con propaganda de sus candidatos o que cargaron banderas de sus partidos. Los votantes acudieron tranquila y ordenadamente a los colegios electorales, en los que había pocas filas, y prácticamente ni se cruzaron en su camino con militantes haciendo propaganda electoral.

Brasilia, cuyo gobernador ya fue elegido, parecía, como todos los domingos, una ciudad fantasma, con poco movimiento en las calles y sin aglomeraciones en locales públicos. En San Pablo, el mayor colegio electoral del país, miles de personas y familias enteras hicieron fila desde temprano para votar y luego aprovechar el sol primaveral.

En un boletín que divulgó cuatro horas después de la apertura de los colegios, el Tribunal Superior Electoral informó que, en unas elecciones sin incidentes, apenas había tenido que sustituir 1032 urnas electrónicas que presentaron fallas técnicas, lo que representa un 0,29 por ciento de las 361.431 utilizadas.

Avance oficialista en las gobernaciones

RIO DE JANEIRO.– El Partido de los Trabajadores (PT), del presidente Luiz Inacio Lula da Silva, y agrupaciones aliadas al mandatario conquistaron ayer importantes victorias en cinco de los 10 estados de Brasil donde hubo segunda vuelta para elegir gobernadores.

De todas formas, el oficialismo no logró ganar en una de las joyas de Brasil, Rio Grande do Sul, donde triunfó la oposición, que además dominará más estados que el partido gobernante.

Además de elegir al presidente en segunda vuelta, los electores estaban convocados para elegir a los gobernadores de 10 de los 27 estados donde ninguno de los candidatos obtuvo la requerida mayoría absoluta el 1° de este mes.

El PT, que había conquistado entonces las gobernaciones de Bahía, Acre, Piauí y Sergipe, habría sumado ayer el estado amazónico de Pará, lo que pondría en evidencia la fuerte ola pro Lula en el paupérrimo nordeste del país. De confirmarse las encuestas realizadas por Ibope, el PT controlaría dos estados más que en los últimos años.

Por otra parte, según los sondeos, candidatos aliados al jefe del Estado ganaron ayer en Río de Janeiro –el tercer vértice del “triángulo del poder” en Brasil, con San Pablo y Minas Gerais–, Paraná, Rio Grande do Norte y Pernambuco, uno de los principales estados del Nordeste y donde nació Lula.

La derrota más significativa de ayer para el partido oficialista tuvo lugar en Rio Grande do Sul, un estado que durante muchos años fue su bastión. Allí perdió frente al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que en la primera vuelta se había quedado con los dos principales colegios electorales del país: San Pablo y Minas Gerais.

Los aspirantes apoyados por el líder opositor Geraldo Alckmin, del PSDB, y derrotado ayer por Lula en la disputa por la presidencia, vencieron en otros tres estados: Paraíba, Goiás y Santa Catarina. En Marañón, donde Lula apoyó a la senadora Roseana Sarney, las encuestas daban como vencedor al candidato del Partido Democrático Trabalhista (PDT).

En tanto, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), con fuerte penetración regional pero que no presentó candidato a presidente, ya tenía asegurado el control de cinco estados (Amazonas, Espirito Santo, Mato Grosso do Sul, Tocantins, Paraná y Rio) y peleaba ayer en otros cuatro.

El apoyo del PMDB, el partido que más escaños tiene en la Cámara de Diputados y el segundo en el Senado, será clave en un Congreso sin mayorías, integrado por más de 20 partidos que han apoyado a uno u otro candidato sin tomar muy en cuenta las ideologías.

Dividido entre los que apoyan la reelección de Lula y los que prefieren a Alckmin, el PMDB puede lograr la presidencia de la Cámara baja como primera fuerza política. En la Cámara baja, la correlación de fuerzas entre los partidos tradicionales es similar a la que había antes de las elecciones. El PMDB consiguió 89 escaños y el PT 83, mientras que los dos principales partidos de oposición, el PSDB y el Partido del Frente Liberal lograron 65 diputados cada uno. En el Senado, el PMDB tiene 15 representantes y el PT 11, mientras que el PSDB tiene 15 y el PFL 18, con lo que se convirtió en el partido con más escaños, privilegio que arrebató al PMDB.


Una oportunidad para recuperar la unidad de la región

Ante la necesidad de la construcción y consolidación real del bloque, el segundo período de Da Silva brinda la posibilidad de sentar las bases para recuperar el proyecto fundacional del Mercosur El autor fue canciller de la ArgentinaNo cabe duda de que el resultado de las elecciones en Brasil influirá fuertemente en el paradigma de la calidad institucional de las democracias en América latina en cuanto a las relaciones entre los Estados, al igual que en el plano doméstico.

Si bien para la región son pocas las experiencias comparables al precedente institucional que marcó la recuperación de la democracia argentina, los próximos años de quien sea el presidente del Palacio de la Alborada determinarán -en gran parte- la institucionalidad del Mercosur y los destinos del subcontinente.

El desafío que enfrentan nuestras repúblicas democráticas es pasar a un estadio de calidad institucional que hoy, fronteras adentro, tiene marcados contrastes entre las naciones.

No se entiende de la misma manera la libertad de expresión, la independencia de la justicia o el desarrollo de la equidad social a orillas del Orinoco que en las márgenes del Plata o en las alturas de La Paz.

Para las relaciones exteriores es todavía mayor el reto ante dicho contexto heterogéneo, máxime cuando Brasil, Uruguay, Paraguay y nuestro país tienen en su haber el compromiso con sus pueblos de profundizar al alicaído Mercosur.

Por ello, si tenemos en cuenta la necesidad de la construcción y consolidación real del bloque, el segundo período de Luiz Inacio Lula da Silva brinda la posibilidad de sentar las bases para recuperar el proyecto fundacional del Mercosur.

Empero, los desafíos no terminan allí. Los enfrentamientos en las Naciones Unidas por la vacante que dejará la Argentina en el Consejo de Seguridad son un ejemplo de la fragmentación de las relaciones hemisféricas que hay que revertir, proceso en el cual el bloque tiene una primaria responsabilidad institucional.

La hipótesis de que se consolide "de facto" un escenario de un grupo de naciones del Pacífico (Colombia, Chile, Perú y Ecuador) con una visión diferente y programa competidor tiene una alta dosis de realismo, que debe alertarnos a la acción para recrear un proyecto continental común.

En otras palabras, la extrema polarización en las negociaciones internacionales ha frenado el proceso integrador. En el caso de Brasil, la relación con Bolivia por la estratégica explotación de la riqueza gasífera -discusión en la que no son ajenos ni nuestro país ni Chile- o los resonantes cuestionamientos por las papeleras entre Montevideo y Buenos Aires, son sólo dos ejemplos, cuya forma de resolución marcarán las relaciones exteriores de las democracias en el subcontinente.

La antigua aspiración de Brasil de liderar la región podría tener un efecto positivo, si el reelecto presidente decide hacer historia. Como ilustró Juan Bautista Alberdi, la grandeza de Brasil sólo será consecuente en armonía con el desarrollo de las repúblicas del Plata.

Sin la limitación en su accionar de la búsqueda un tercer período, el reelecto mandatario tiene la posibilidad de activar los mecanismos de política para poner en marcha la institucionalidad del bloque; por ejemplo, haciendo realidad la necesaria internalización de normas, sin las cuales los acuerdos que se logran quedan en buenas intenciones. El futuro del país hermano y la prosperidad del Mercosur bien lo valen, ya que los resultados de tales acciones se medirán en una mejora en la calidad institucional, la equidad y el bienestar de los pueblos.

El presidente que recuperó el humor

SAN PABLO.– Cuando termine su mandato, en 2010, Luiz Inacio Lula da Silva tendrá 65 años, la edad justa para jubilarse. Ya le avisó a Marisa Leticia, su esposa: quiere irse a vivir a alguna playa de su Nordeste natal.

A Marisa Leticia no le gusta la idea, pero no va a necesitar hacer mucho esfuerzo para convencer a Lula de quedarse en el municipio paulista de San Bernardo del Campo, donde vivieron casi toda la vida. Sabe que Lula, que respira política y que se pasó los últimos 20 años de su vida disputando elecciones presidenciales, no lograría “exiliarse” debajo de una palmera de las playas de Pernambuco.

Eso no significa que el presidente sea un obsesionado por el trabajo político (sus opositores, durante la campaña, manifestaron varias veces que al presidente “no le gusta trabajar”).

Más allá de la crítica propia de la batalla electoral, es conocido el gusto de Lula por los placeres mundanos. Durante su mandato, por ejemplo, no dejó de jugar con alguna frecuencia sus “picados” presidenciales en la quinta oficial, la Granja do Torto.

Tiene fama de ser un buen cocinero. Su especialidad es el conejo al vino tinto. Pero lo que más le gusta es la comida de parrilla. En una chacra que tiene en el interior de San Pablo, solía preparar costillares de vaca, cabritos y cordero.

“El Palacio de la Alborada era triste porque Fernando Henrique [Cardoso] no jugaba a la pelota ahí, no bailaba...”, comentó una vez, sobre la residencia oficial, cuando criticaba la seriedad del ex presidente.

Su gusto por las bebidas –sobre todo, el aguardiente de caña, la pinga– generó un escándalo en el inicio de su mandato, cuando el diario norteamericano The New York Times publicó un artículo que hablaba de una supuesta “preocupación nacional por el hábito de beber” del presidente. El padre de Lula era alcohólico. Durante su mandato, sin embargo, nunca se lo vio embriagado.

Un pasado cuesta arriba

La vida de Lula, como se sabe, no fue fácil. Conoció a su padre cuando tenía cinco años, porque Aristides Inacio da Silva, que Lula definió como “un monstruo”, se había ido de Pernambuco a San Pablo tres meses antes del nacimiento de su hijo.

Lula estudió hasta quinto grado y en la adolescencia hizo un curso de tornería mecánica. Trabajó como lustrabotas, vendedor de naranjas y hasta entregador de ropas de una lavandería. Perdió un dedo cuando trabajaba en un taller metalúrgico, a los 19 años.

Con un carisma político que tenía mucho de picardía, fue creciendo dentro del gremio metalúrgico del conurbano de San Pablo. Organizó marchas contra la dictadura que dieron luz al mito de su figura. El día que llegó un destacamento del ejército a buscarlo, Marisa Leticia se horrorizó. Fiel a un estilo calmo que cultiva hasta ahora, Lula se sentó en la cama con tranquilidad, mientras los soldados golpeaban la puerta, y le dijo a su esposa: “Preparame un café”.

Las características de su perfil le permitieron a Lula construir una relación directa con la clase media baja y baja brasileña, en las que se encuadra el 85% de las familias del país, que viven con menos de 900 dólares por mes.

Lula ya fue definido, a veces como crítica y a veces como elogio, como una síntesis del brasileño: le gustan la música popular, el asado y el partido de fin de semana; estudió poco; es católico, nacionalista; no le gusta leer; prefiere las telenovelas y, más allá de cualquier discusión ideológica, lo que le interesa es el progreso material de la familia. Por eso nunca logró entenderse con su hermano, Frei Betto, que intentaba sumarlo a la causa del comunismo.

“Lula, paz y amor”

La imagen que hizo famoso a Lula en el mundo era la de un sindicalista barbudo, de camiseta y con algunos kilos de más, que vociferaba con el dedo índice en alto contra las injusticias históricas brasileñas.

Antes de llegar al poder en 2002, sin embargo, adoptó lo que él mismo llamó el estilo “Lula, paz y amor”. Confesó entonces que siempre fue así, pero que “ponía cara de enojado” porque le parecía que tenía que mostrarse “enojado frente a los dramas del país”.

Pero cuando estallaron los escándalos de corrupción en su entorno, perdió el humor. En 2005 aparecía siempre con el rostro cansado y aspecto apesadumbrado. Ya este año, con la recuperación de su popularidad, volvió a mostrarse afable.

Ese es el estilo que posiblemente mantenga en su segundo mandato, cuando tenga que usar todas las armas de su carisma para navegar en las aguas turbulentas de la lucha política por su sucesión.

Hacia una guerra por la herencia política

SAN PABLO.- Comenzó la lucha por 2010. No, no es precipitado decirlo. Ya lo advierte con ironía un dicho del ambiente político brasileño, muy repetido en estos días: "Una elección comienza cuando termina la anterior".

Cuando la oposición comenzó a hablar en los últimos días de un terceiro turno (tercera vuelta), el oficialismo reaccionó con indignación y acusó a los socialdemócratas de golpe. El aviso opositor era que no habría tregua para Lula en su segundo mandato. Derrotados en la primera vuelta y en la segunda, harían del nuevo mandato de Lula una "tercera vuelta".

En medio de una extensa lista de desafíos profundos y de asignaturas pendientes, el presidente teme que la lucha política por su sucesión en 2010 termine haciendo de su gobierno un ring para la lucha política. Lula, que por primera vez desde la vuelta de la democracia no disputará la próxima elección, sabe que este nuevo mandato será "por la biografía". Una disputa política feroz puede estropearle los planes.

Por eso él mismo y su ministro de Relaciones Institucionales, Tarso Genro, vienen hablando con una insistencia llamativa de la necesidad de una "concertación" para el segundo mandato. Algo así como la definición de algunos objetivos en común -reforma política y reforma del sistema de previsión social, por ejemplo- para alcanzar un consenso sin conflicto.

En su último llamado a la paz política, hecho el viernes, Lula insistió: "Los partidos políticos entienden que hay un momento para pelearse y un momento para administrar el país. Ustedes saben que soy un hombre de paz; no confundo mis divergencias de la disputa electoral con la gobernabilidad".

La estrategia de seducción de Lula sería la de darle a entender a la oposición que le dejará el camino abierto para una victoria en 2010 a cambio de que lo dejen gobernar. Su opositor "preferido" es Aecio Neves, el gobernador socialdemócrata de Minas Gerais, con quien tiene una relación cercana y amigable. Pero ya llegó a elogiar públicamente, incluso, a José Serra, el gobernador de San Pablo, visto también como un posible sucesor para 2010.

Sin embargo, la historia brasileña reciente muestra que las posibilidades de una concertación política son difíciles. Simplemente porque la lucha será más encarnizada aun dentro de los propios partidos.

Dentro del Partido de los Trabajadores ya comienza a aumentar la presión para que Lula ni sueñe con entregarle su sucesión a la oposición, para forzarlo a que construya un heredero dentro de la propia fuerza. Pero no hay una figura "presidenciable" en el PT, y en caso de postular a alguien del oficialismo el nombre de Lula sería Ciro Gomes, uno de sus delfines.

Desde la oposición todo indica que no será fácil esperar una postura conciliatoria. Aecio Neves y José Serra son los nombres más citados para ocupar el cargo de Lula en 2010. La competencia entre ellos ya se inició. Tanto que, a sabiendas de que Serra es un candidato fuertísimo, comenzó a rumorearse la posibilidad de que Neves abandone el Partido Social Demócrata y se afilie al Partido del Movimiento Democrático Brasileño. Como una parte del PMDB es aliada de Lula, estaría dado el primer paso para que Neves se convirtiera en el sucesor natural del mandatario.

En medio de semejante lucha política, los desafíos de Lula para el segundo mandato son enormes. Brasil continúa siendo el tercer país con la mayor desigualdad de riqueza del mundo; el analfabetismo funcional llega al 24%. La violencia, que genera 42.000 homicidios por año, no se reduce a pesar de los avances económicos; el desempleo cae muy lentamente, y hay 9 millones de desocupados.

El sistema de previsión social tiene un déficit monstruoso; la carga tributaria del país bordea el 40% del PBI -casi el doble de la Argentina- y les resta competitividad a las empresas brasileñas. Los planes sociales subsidiados llegaron hasta los rincones de Brasil, pero el agua y las cloacas continúan sin llegar a decenas de millones de personas.

Siendo una de las quince mayores economías del mundo, Brasil quedó en el puesto 72 de la calidad de la educación medida por la Unesco. La tasa de interés del país es la más alta del mundo (9% al año).

Producir un avance social que vaya más allá del asistencialismo urgente y al mismo tiempo hacer crecer al país son los dos grandes desafíos para Lula en el mandato que comenzará el 1° de enero. Y hacerlo en medio de una lucha por su "herencia" política no facilitará las cosas.

Kirchner apuesta a consolidar la alianza

Aunque con la atención puesta en los comicios misioneros más que en los brasileños, el gobierno de Néstor Kirchner celebró ayer en silencio y puertas adentro el triunfo de Luiz Inacio Lula da Silva en la segunda vuelta electoral. En rigor, esa victoria fue una buena noticia para el kirchnerismo: según evaluaron ayer ante LA NACION altas fuentes oficiales, la Casa Rosada confía en que ahora la alianza estratégica preferencial que la Argentina mantiene con Brasil en el Mercosur y el perfil progresista de la región quedarán consolidados.

Pese a que en el entorno presidencial se les otorgó una alta importancia a los comicios brasileños, ayer el mutismo público del Gobierno fue absoluto. Ocurre que la de Lula y Geraldo Alckmin no fue la única disputa en las urnas que Kirchner siguió de cerca.

En verdad, el Presidente estaba más interesado por el resultado de los comicios en Misiones, donde un aliado suyo, el gobernador Carlos Rovira, jugaba su futuro político en la provincia.

Al parecer, las elecciones brasileñas, aunque de fuerte influencia tanto en el plano político como económico de la Argentina, no le quitaron el sueño al jefe del Estado.

Sin embargo, Kirchner, por medio del canciller Jorge Taiana, tuvo un reporte de la evolución de la votación en el vecino país. Además, el Gobierno estaba confiado en que Lula tendría una buena performance en la segunda vuelta.

El Presidente podría comunicarse hoy por teléfono con su par brasileño, pero, de todos modos, espera saludarlo personalmente en la Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado que se celebrará en Montevideo, esta semana.

En la Casa Rosada había una clara posición tomada sobre las elecciones en Brasil. Es que, pese a que han pasado por momentos difíciles, las relaciones entre la Argentina y el país vecino están actualmente en un momento de esplendor.

Las semanas previas a la primera y segunda vuelta, Kirchner dio más de una señal de que aspiraba a un triunfo de Lula en las urnas.

Para el jefe del Estado, la permanencia del líder del Partido de los Trabajadores (PT) en el poder permitiría afianzar la alianza estratégica entre la Argentina y Brasil en un Mercosur tambaleante por la disconformidad de los socios menores con el bloque.

Las presiones de Uruguay y Paraguay por cambiar los procesos de toma de decisiones del Mercosur llevaron a Kirchner y al presidente brasileño a estrechar su relación para consolidar el liderazgo de ambos países.

Además, desde el punto de vista del oficialismo, el triunfo de Lula consolidaría el perfil progresista de la región.

Hubo expresiones concretas de apoyo por parte del presidente argentino para con su par brasileño. La más elocuente fue en Nueva York, un mes antes de los comicios en Brasil, donde ambos participaron de la asamblea anual de la ONU. Kirchner le expresó personalmente su apoyo a Lula en una reunión bilateral fuera de todo protocolo.

Atrás en el tiempo quedaron los entredichos diplomáticos entre la Casa Rosada y el Planalto suscitados primordialmente por las diferencias entre ambas administraciones para negociar sus deudas con los organismos internacionales de crédito.

El triunfo de ayer de Luiz Inacio Lula da Silva constituye, desde la óptica del Gobierno, un nuevo impulso para la relación con la Argentina.


En la Argentina, también ganó Lula

El presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva se impuso ayer en las votaciones que se realizaron en nuestro país para el ballottage por la presidencia de su país, al obtener 543 votos, mientras su rival Geraldo Alckmin logró 470, informó la embajada de Brasil en la Argentina. De un total de 1509 ciudadanos brasileños residentes en nuestro país y habilitados para votar, lo hicieron 1087, en los consulados de Buenos Aires y Córdoba. En la capital se impuso Lula en forma ajustada, por 488 votos, contra 444. En Córdoba, el presidente obtuvo 55 votos y Alckmin se quedó con 26.

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Fuente: Diario sobre Diarios

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