Una
votación en paz y con menos entusiasmo
RIO DE JANEIRO (EFE).- En paz pero con menos entusiasmo que
en la primera vuelta, los casi 126 millones de electores brasileños
regresaron ayer a las urnas para elegir presidente y gobernadores
de diez estados.
Un elector que murió de un infarto en Recife, algunas
detenciones de personas que insistían en realizar propaganda
electoral frente a las urnas y el robo de una urna electrónica
en la Amazonia fueron algunos de los escasos incidentes registrados.
En la mayoría de las ciudades los electores, obligados
a votar por ley, acudieron a las urnas en un ambiente de apatía,
con excepción de los estados donde la disputa parecía
más cerrada y los ánimos estaban más
encendidos. En el resto, las calles permanecieron prácticamente
vacías durante el día.
La movilización de los partidos fue significativamente
inferior para el ballottage, a diferencia de la primera vuelta,
cuando decenas de militantes fueron detenidos por hacer proselitismo
político en los colegios electorales o en sus proximidades.
Ayer casi no se registraron casos semejantes.
En Río de Janeiro, que amaneció bajo la lluvia
y en la que el sol apenas apareció tímidamente,
eran pocas las personas que vistieron camisas con propaganda
de sus candidatos o que cargaron banderas de sus partidos.
Los votantes acudieron tranquila y ordenadamente a los colegios
electorales, en los que había pocas filas, y prácticamente
ni se cruzaron en su camino con militantes haciendo propaganda
electoral.
Brasilia, cuyo gobernador ya fue elegido, parecía,
como todos los domingos, una ciudad fantasma, con poco movimiento
en las calles y sin aglomeraciones en locales públicos.
En San Pablo, el mayor colegio electoral del país,
miles de personas y familias enteras hicieron fila desde temprano
para votar y luego aprovechar el sol primaveral.
En un boletín que divulgó cuatro horas después
de la apertura de los colegios, el Tribunal Superior Electoral
informó que, en unas elecciones sin incidentes, apenas
había tenido que sustituir 1032 urnas electrónicas
que presentaron fallas técnicas, lo que representa
un 0,29 por ciento de las 361.431 utilizadas.
Avance oficialista en las gobernaciones
RIO DE JANEIRO.– El Partido de los Trabajadores (PT),
del presidente Luiz Inacio Lula da Silva, y agrupaciones aliadas
al mandatario conquistaron ayer importantes victorias en cinco
de los 10 estados de Brasil donde hubo segunda vuelta para
elegir gobernadores.
De todas formas, el oficialismo no logró ganar en
una de las joyas de Brasil, Rio Grande do Sul, donde triunfó
la oposición, que además dominará más
estados que el partido gobernante.
Además de elegir al presidente en segunda vuelta,
los electores estaban convocados para elegir a los gobernadores
de 10 de los 27 estados donde ninguno de los candidatos obtuvo
la requerida mayoría absoluta el 1° de este mes.
El PT, que había conquistado entonces las gobernaciones
de Bahía, Acre, Piauí y Sergipe, habría
sumado ayer el estado amazónico de Pará, lo
que pondría en evidencia la fuerte ola pro Lula en
el paupérrimo nordeste del país. De confirmarse
las encuestas realizadas por Ibope, el PT controlaría
dos estados más que en los últimos años.
Por otra parte, según los sondeos, candidatos aliados
al jefe del Estado ganaron ayer en Río de Janeiro –el
tercer vértice del “triángulo del poder”
en Brasil, con San Pablo y Minas Gerais–, Paraná,
Rio Grande do Norte y Pernambuco, uno de los principales estados
del Nordeste y donde nació Lula.
La derrota más significativa de ayer para el partido
oficialista tuvo lugar en Rio Grande do Sul, un estado que
durante muchos años fue su bastión. Allí
perdió frente al Partido de la Social Democracia Brasileña
(PSDB), que en la primera vuelta se había quedado con
los dos principales colegios electorales del país:
San Pablo y Minas Gerais.
Los aspirantes apoyados por el líder opositor Geraldo
Alckmin, del PSDB, y derrotado ayer por Lula en la disputa
por la presidencia, vencieron en otros tres estados: Paraíba,
Goiás y Santa Catarina. En Marañón, donde
Lula apoyó a la senadora Roseana Sarney, las encuestas
daban como vencedor al candidato del Partido Democrático
Trabalhista (PDT).
En tanto, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño
(PMDB), con fuerte penetración regional pero que no
presentó candidato a presidente, ya tenía asegurado
el control de cinco estados (Amazonas, Espirito Santo, Mato
Grosso do Sul, Tocantins, Paraná y Rio) y peleaba ayer
en otros cuatro.
El apoyo del PMDB, el partido que más escaños
tiene en la Cámara de Diputados y el segundo en el
Senado, será clave en un Congreso sin mayorías,
integrado por más de 20 partidos que han apoyado a
uno u otro candidato sin tomar muy en cuenta las ideologías.
Dividido entre los que apoyan la reelección de Lula
y los que prefieren a Alckmin, el PMDB puede lograr la presidencia
de la Cámara baja como primera fuerza política.
En la Cámara baja, la correlación de fuerzas
entre los partidos tradicionales es similar a la que había
antes de las elecciones. El PMDB consiguió 89 escaños
y el PT 83, mientras que los dos principales partidos de oposición,
el PSDB y el Partido del Frente Liberal lograron 65 diputados
cada uno. En el Senado, el PMDB tiene 15 representantes y
el PT 11, mientras que el PSDB tiene 15 y el PFL 18, con lo
que se convirtió en el partido con más escaños,
privilegio que arrebató al PMDB.
Una oportunidad para recuperar la unidad de la región
Ante la necesidad de la construcción y consolidación
real del bloque, el segundo período de Da Silva brinda
la posibilidad de sentar las bases para recuperar el proyecto
fundacional del Mercosur El autor fue canciller de la ArgentinaNo
cabe duda de que el resultado de las elecciones en Brasil
influirá fuertemente en el paradigma de la calidad
institucional de las democracias en América latina
en cuanto a las relaciones entre los Estados, al igual que
en el plano doméstico.
Si bien para la región son pocas las experiencias
comparables al precedente institucional que marcó la
recuperación de la democracia argentina, los próximos
años de quien sea el presidente del Palacio de la Alborada
determinarán -en gran parte- la institucionalidad del
Mercosur y los destinos del subcontinente.
El desafío que enfrentan nuestras repúblicas
democráticas es pasar a un estadio de calidad institucional
que hoy, fronteras adentro, tiene marcados contrastes entre
las naciones.
No se entiende de la misma manera la libertad de expresión,
la independencia de la justicia o el desarrollo de la equidad
social a orillas del Orinoco que en las márgenes del
Plata o en las alturas de La Paz.
Para las relaciones exteriores es todavía mayor el
reto ante dicho contexto heterogéneo, máxime
cuando Brasil, Uruguay, Paraguay y nuestro país tienen
en su haber el compromiso con sus pueblos de profundizar al
alicaído Mercosur.
Por ello, si tenemos en cuenta la necesidad de la construcción
y consolidación real del bloque, el segundo período
de Luiz Inacio Lula da Silva brinda la posibilidad de sentar
las bases para recuperar el proyecto fundacional del Mercosur.
Empero, los desafíos no terminan allí. Los
enfrentamientos en las Naciones Unidas por la vacante que
dejará la Argentina en el Consejo de Seguridad son
un ejemplo de la fragmentación de las relaciones hemisféricas
que hay que revertir, proceso en el cual el bloque tiene una
primaria responsabilidad institucional.
La hipótesis de que se consolide "de facto"
un escenario de un grupo de naciones del Pacífico (Colombia,
Chile, Perú y Ecuador) con una visión diferente
y programa competidor tiene una alta dosis de realismo, que
debe alertarnos a la acción para recrear un proyecto
continental común.
En otras palabras, la extrema polarización en las
negociaciones internacionales ha frenado el proceso integrador.
En el caso de Brasil, la relación con Bolivia por la
estratégica explotación de la riqueza gasífera
-discusión en la que no son ajenos ni nuestro país
ni Chile- o los resonantes cuestionamientos por las papeleras
entre Montevideo y Buenos Aires, son sólo dos ejemplos,
cuya forma de resolución marcarán las relaciones
exteriores de las democracias en el subcontinente.
La antigua aspiración de Brasil de liderar la región
podría tener un efecto positivo, si el reelecto presidente
decide hacer historia. Como ilustró Juan Bautista Alberdi,
la grandeza de Brasil sólo será consecuente
en armonía con el desarrollo de las repúblicas
del Plata.
Sin la limitación en su accionar de la búsqueda
un tercer período, el reelecto mandatario tiene la
posibilidad de activar los mecanismos de política para
poner en marcha la institucionalidad del bloque; por ejemplo,
haciendo realidad la necesaria internalización de normas,
sin las cuales los acuerdos que se logran quedan en buenas
intenciones. El futuro del país hermano y la prosperidad
del Mercosur bien lo valen, ya que los resultados de tales
acciones se medirán en una mejora en la calidad institucional,
la equidad y el bienestar de los pueblos.
El presidente que recuperó el humor
SAN PABLO.– Cuando termine su mandato, en 2010, Luiz
Inacio Lula da Silva tendrá 65 años, la edad
justa para jubilarse. Ya le avisó a Marisa Leticia,
su esposa: quiere irse a vivir a alguna playa de su Nordeste
natal.
A Marisa Leticia no le gusta la idea, pero no va a necesitar
hacer mucho esfuerzo para convencer a Lula de quedarse en
el municipio paulista de San Bernardo del Campo, donde vivieron
casi toda la vida. Sabe que Lula, que respira política
y que se pasó los últimos 20 años de
su vida disputando elecciones presidenciales, no lograría
“exiliarse” debajo de una palmera de las playas
de Pernambuco.
Eso no significa que el presidente sea un obsesionado por
el trabajo político (sus opositores, durante la campaña,
manifestaron varias veces que al presidente “no le gusta
trabajar”).
Más allá de la crítica propia de la
batalla electoral, es conocido el gusto de Lula por los placeres
mundanos. Durante su mandato, por ejemplo, no dejó
de jugar con alguna frecuencia sus “picados” presidenciales
en la quinta oficial, la Granja do Torto.
Tiene fama de ser un buen cocinero. Su especialidad es el
conejo al vino tinto. Pero lo que más le gusta es la
comida de parrilla. En una chacra que tiene en el interior
de San Pablo, solía preparar costillares de vaca, cabritos
y cordero.
“El Palacio de la Alborada era triste porque Fernando
Henrique [Cardoso] no jugaba a la pelota ahí, no bailaba...”,
comentó una vez, sobre la residencia oficial, cuando
criticaba la seriedad del ex presidente.
Su gusto por las bebidas –sobre todo, el aguardiente
de caña, la pinga– generó un escándalo
en el inicio de su mandato, cuando el diario norteamericano
The New York Times publicó un artículo que hablaba
de una supuesta “preocupación nacional por el
hábito de beber” del presidente. El padre de
Lula era alcohólico. Durante su mandato, sin embargo,
nunca se lo vio embriagado.
Un pasado cuesta arriba
La vida de Lula, como se sabe, no fue fácil. Conoció
a su padre cuando tenía cinco años, porque Aristides
Inacio da Silva, que Lula definió como “un monstruo”,
se había ido de Pernambuco a San Pablo tres meses antes
del nacimiento de su hijo.
Lula estudió hasta quinto grado y en la adolescencia
hizo un curso de tornería mecánica. Trabajó
como lustrabotas, vendedor de naranjas y hasta entregador
de ropas de una lavandería. Perdió un dedo cuando
trabajaba en un taller metalúrgico, a los 19 años.
Con un carisma político que tenía mucho de
picardía, fue creciendo dentro del gremio metalúrgico
del conurbano de San Pablo. Organizó marchas contra
la dictadura que dieron luz al mito de su figura. El día
que llegó un destacamento del ejército a buscarlo,
Marisa Leticia se horrorizó. Fiel a un estilo calmo
que cultiva hasta ahora, Lula se sentó en la cama con
tranquilidad, mientras los soldados golpeaban la puerta, y
le dijo a su esposa: “Preparame un café”.
Las características de su perfil le permitieron a
Lula construir una relación directa con la clase media
baja y baja brasileña, en las que se encuadra el 85%
de las familias del país, que viven con menos de 900
dólares por mes.
Lula ya fue definido, a veces como crítica y a veces
como elogio, como una síntesis del brasileño:
le gustan la música popular, el asado y el partido
de fin de semana; estudió poco; es católico,
nacionalista; no le gusta leer; prefiere las telenovelas y,
más allá de cualquier discusión ideológica,
lo que le interesa es el progreso material de la familia.
Por eso nunca logró entenderse con su hermano, Frei
Betto, que intentaba sumarlo a la causa del comunismo.
“Lula, paz y amor”
La imagen que hizo famoso a Lula en el mundo era la de un
sindicalista barbudo, de camiseta y con algunos kilos de más,
que vociferaba con el dedo índice en alto contra las
injusticias históricas brasileñas.
Antes de llegar al poder en 2002, sin embargo, adoptó
lo que él mismo llamó el estilo “Lula,
paz y amor”. Confesó entonces que siempre fue
así, pero que “ponía cara de enojado”
porque le parecía que tenía que mostrarse “enojado
frente a los dramas del país”.
Pero cuando estallaron los escándalos de corrupción
en su entorno, perdió el humor. En 2005 aparecía
siempre con el rostro cansado y aspecto apesadumbrado. Ya
este año, con la recuperación de su popularidad,
volvió a mostrarse afable.
Ese es el estilo que posiblemente mantenga en su segundo
mandato, cuando tenga que usar todas las armas de su carisma
para navegar en las aguas turbulentas de la lucha política
por su sucesión.
Hacia una guerra por la herencia política
SAN PABLO.- Comenzó la lucha por 2010. No, no es precipitado
decirlo. Ya lo advierte con ironía un dicho del ambiente
político brasileño, muy repetido en estos días:
"Una elección comienza cuando termina la anterior".
Cuando la oposición comenzó a hablar en los
últimos días de un terceiro turno (tercera vuelta),
el oficialismo reaccionó con indignación y acusó
a los socialdemócratas de golpe. El aviso opositor
era que no habría tregua para Lula en su segundo mandato.
Derrotados en la primera vuelta y en la segunda, harían
del nuevo mandato de Lula una "tercera vuelta".
En medio de una extensa lista de desafíos profundos
y de asignaturas pendientes, el presidente teme que la lucha
política por su sucesión en 2010 termine haciendo
de su gobierno un ring para la lucha política. Lula,
que por primera vez desde la vuelta de la democracia no disputará
la próxima elección, sabe que este nuevo mandato
será "por la biografía". Una disputa
política feroz puede estropearle los planes.
Por eso él mismo y su ministro de Relaciones Institucionales,
Tarso Genro, vienen hablando con una insistencia llamativa
de la necesidad de una "concertación" para
el segundo mandato. Algo así como la definición
de algunos objetivos en común -reforma política
y reforma del sistema de previsión social, por ejemplo-
para alcanzar un consenso sin conflicto.
En su último llamado a la paz política, hecho
el viernes, Lula insistió: "Los partidos políticos
entienden que hay un momento para pelearse y un momento para
administrar el país. Ustedes saben que soy un hombre
de paz; no confundo mis divergencias de la disputa electoral
con la gobernabilidad".
La estrategia de seducción de Lula sería la
de darle a entender a la oposición que le dejará
el camino abierto para una victoria en 2010 a cambio de que
lo dejen gobernar. Su opositor "preferido" es Aecio
Neves, el gobernador socialdemócrata de Minas Gerais,
con quien tiene una relación cercana y amigable. Pero
ya llegó a elogiar públicamente, incluso, a
José Serra, el gobernador de San Pablo, visto también
como un posible sucesor para 2010.
Sin embargo, la historia brasileña reciente muestra
que las posibilidades de una concertación política
son difíciles. Simplemente porque la lucha será
más encarnizada aun dentro de los propios partidos.
Dentro del Partido de los Trabajadores ya comienza a aumentar
la presión para que Lula ni sueñe con entregarle
su sucesión a la oposición, para forzarlo a
que construya un heredero dentro de la propia fuerza. Pero
no hay una figura "presidenciable" en el PT, y en
caso de postular a alguien del oficialismo el nombre de Lula
sería Ciro Gomes, uno de sus delfines.
Desde la oposición todo indica que no será
fácil esperar una postura conciliatoria. Aecio Neves
y José Serra son los nombres más citados para
ocupar el cargo de Lula en 2010. La competencia entre ellos
ya se inició. Tanto que, a sabiendas de que Serra es
un candidato fuertísimo, comenzó a rumorearse
la posibilidad de que Neves abandone el Partido Social Demócrata
y se afilie al Partido del Movimiento Democrático Brasileño.
Como una parte del PMDB es aliada de Lula, estaría
dado el primer paso para que Neves se convirtiera en el sucesor
natural del mandatario.
En medio de semejante lucha política, los desafíos
de Lula para el segundo mandato son enormes. Brasil continúa
siendo el tercer país con la mayor desigualdad de riqueza
del mundo; el analfabetismo funcional llega al 24%. La violencia,
que genera 42.000 homicidios por año, no se reduce
a pesar de los avances económicos; el desempleo cae
muy lentamente, y hay 9 millones de desocupados.
El sistema de previsión social tiene un déficit
monstruoso; la carga tributaria del país bordea el
40% del PBI -casi el doble de la Argentina- y les resta competitividad
a las empresas brasileñas. Los planes sociales subsidiados
llegaron hasta los rincones de Brasil, pero el agua y las
cloacas continúan sin llegar a decenas de millones
de personas.
Siendo una de las quince mayores economías del mundo,
Brasil quedó en el puesto 72 de la calidad de la educación
medida por la Unesco. La tasa de interés del país
es la más alta del mundo (9% al año).
Producir un avance social que vaya más allá
del asistencialismo urgente y al mismo tiempo hacer crecer
al país son los dos grandes desafíos para Lula
en el mandato que comenzará el 1° de enero. Y hacerlo
en medio de una lucha por su "herencia" política
no facilitará las cosas.
Kirchner apuesta a consolidar la alianza
Aunque con la atención puesta en los comicios misioneros
más que en los brasileños, el gobierno de Néstor
Kirchner celebró ayer en silencio y puertas adentro
el triunfo de Luiz Inacio Lula da Silva en la segunda vuelta
electoral. En rigor, esa victoria fue una buena noticia para
el kirchnerismo: según evaluaron ayer ante LA NACION
altas fuentes oficiales, la Casa Rosada confía en que
ahora la alianza estratégica preferencial que la Argentina
mantiene con Brasil en el Mercosur y el perfil progresista
de la región quedarán consolidados.
Pese a que en el entorno presidencial se les otorgó
una alta importancia a los comicios brasileños, ayer
el mutismo público del Gobierno fue absoluto. Ocurre
que la de Lula y Geraldo Alckmin no fue la única disputa
en las urnas que Kirchner siguió de cerca.
En verdad, el Presidente estaba más interesado por
el resultado de los comicios en Misiones, donde un aliado
suyo, el gobernador Carlos Rovira, jugaba su futuro político
en la provincia.
Al parecer, las elecciones brasileñas, aunque de fuerte
influencia tanto en el plano político como económico
de la Argentina, no le quitaron el sueño al jefe del
Estado.
Sin embargo, Kirchner, por medio del canciller Jorge Taiana,
tuvo un reporte de la evolución de la votación
en el vecino país. Además, el Gobierno estaba
confiado en que Lula tendría una buena performance
en la segunda vuelta.
El Presidente podría comunicarse hoy por teléfono
con su par brasileño, pero, de todos modos, espera
saludarlo personalmente en la Cumbre Iberoamericana de jefes
de Estado que se celebrará en Montevideo, esta semana.
En la Casa Rosada había una clara posición
tomada sobre las elecciones en Brasil. Es que, pese a que
han pasado por momentos difíciles, las relaciones entre
la Argentina y el país vecino están actualmente
en un momento de esplendor.
Las semanas previas a la primera y segunda vuelta, Kirchner
dio más de una señal de que aspiraba a un triunfo
de Lula en las urnas.
Para el jefe del Estado, la permanencia del líder
del Partido de los Trabajadores (PT) en el poder permitiría
afianzar la alianza estratégica entre la Argentina
y Brasil en un Mercosur tambaleante por la disconformidad
de los socios menores con el bloque.
Las presiones de Uruguay y Paraguay por cambiar los procesos
de toma de decisiones del Mercosur llevaron a Kirchner y al
presidente brasileño a estrechar su relación
para consolidar el liderazgo de ambos países.
Además, desde el punto de vista del oficialismo, el
triunfo de Lula consolidaría el perfil progresista
de la región.
Hubo expresiones concretas de apoyo por parte del presidente
argentino para con su par brasileño. La más
elocuente fue en Nueva York, un mes antes de los comicios
en Brasil, donde ambos participaron de la asamblea anual de
la ONU. Kirchner le expresó personalmente su apoyo
a Lula en una reunión bilateral fuera de todo protocolo.
Atrás en el tiempo quedaron los entredichos diplomáticos
entre la Casa Rosada y el Planalto suscitados primordialmente
por las diferencias entre ambas administraciones para negociar
sus deudas con los organismos internacionales de crédito.
El triunfo de ayer de Luiz Inacio Lula da Silva constituye,
desde la óptica del Gobierno, un nuevo impulso para
la relación con la Argentina.
En la Argentina, también ganó Lula
El presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva
se impuso ayer en las votaciones que se realizaron en nuestro
país para el ballottage por la presidencia de su país,
al obtener 543 votos, mientras su rival Geraldo Alckmin logró
470, informó la embajada de Brasil en la Argentina.
De un total de 1509 ciudadanos brasileños residentes
en nuestro país y habilitados para votar, lo hicieron
1087, en los consulados de Buenos Aires y Córdoba.
En la capital se impuso Lula en forma ajustada, por 488 votos,
contra 444. En Córdoba, el presidente obtuvo 55 votos
y Alckmin se quedó con 26.
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