Lula
va por cuatro años más en el poder
SAN PABLO.- Los brasileños votan hoy por quinta vez
desde el retorno de la democracia y, como indican las encuestas,
sin dejar lugar a la incertidumbre: el presidente Luiz Inacio
Lula da Silva sería reelecto para un nuevo mandato.
Según los últimos sondeos, el presidente tendría
aproximadamente 23 millones de votos de ventaja. Los últimos
sondeos de Ibope y Datafolha, divulgados ayer, coincidieron
en adjudicarle a Lula el 61 por ciento de los votos contra
el 39 por ciento del candidato socialdemócrata, Geraldo
Alckmin.
El presidente hizo ayer una caminata en la región
central de San Bernardo del Campo, el municipio de San Pablo
que es su cuna política. Rodeado de militantes, declaró
el fin de la disputa. "Terminó el proceso electoral;
el que gane va a gobernar este país. Esa es la consagración
de la democracia".
Pidiendo indirectamente una tregua a la oposición
con vistas a su segundo mandato, el mandatario afirmó:
"Los partidos políticos entienden que hay un momento
para pelearse y un momento para administrar el país.
Ustedes saben que soy un hombre de paz; no confundo mis divergencias
de la disputa electoral con la gobernabilidad".
Alckmin, que al salir del debate del viernes dijo sentirse
que había luchado como "un David contra Goliat",
fue candidato hasta el fin. Ayer, en Río de Janeiro,
dijo que sentía que "el mensaje está llegando"
y que advertía "una inversión en la preferencia
electoral".
Pero el candidato socialdemócrata llega a la elección
con menor capital político del que había conquistado
cuando el 2 de octubre logró evitar la victoria de
Lula en primera vuelta. Había obtenido 41,6% de los
votos, insuflado por la explosión de un último
escándalo de corrupción en el que miembros del
partido oficialista aparecían vinculados con una mafia
que estafó al Estado en la compra de documentos -que
resultaron inocuos o falsos- contra la oposición.
Lula, en tanto, disputa su quinta elección presidencial
consecutiva. Durante el ejercicio de su mandato dejó
las consignas de izquierda de lado, adoptó una postura
ortodoxa en la economía y fortaleció los programas
de asistencia social para las regiones pobres, su principal
bastión electoral. No sólo sorprendió,
por su historia, al hacer un gobierno aclamado por el mercado
financiero y las autoridades del Fondo Monetario Internacional,
sino también por la maraña de escándalos
de corrupción.
Continuidad
Durante su gestión, Lula continuó -en algunos
casos mejor, en otros no tanto- con el proceso de modernización
del Estado brasileño y estabilización de la
economía que se inició formalmente con Fernando
Henrique Cardoso en 1994.
Pero así como Cardoso fue "premiado" con
la reelección en 1998 por haber logrado eliminar el
monstruo de la inflación, que deglutía los salarios,
Lula sería elegido para gobernar hasta 2010 porque
los sectores más pobres del país sintieron que
su vida está mejor.
No está de más recordarlo. Según el
Instituto Datafolha, Lula conquistó este mes la mayor
evaluación positiva de sus cuatro años de gobierno
y de todos los presidentes desde 1990: El 53% de los consultados
lo calificó de "bueno" o "excelente".
Para obtener semejante resultado positivo combinó dos
cosas: seguridad jurídica y alta rentabilidad para
los inversores financieros junto con la expansión de
planes de subsidios sociales. Así, el país creció
poco (2%), pero de forma estable.
El programa Hambre Cero, que comenzó con tropiezos,
fue luego reformado y se transformó en el plan Beca
Familia. Llega hoy a 11,5 millones de familias del estrato
más bajo de la sociedad brasileña, donde efectivamente
se padecía hambre. Si bien no permitió a esa
gente abandonar la miseria -no hubo un aumento fuerte del
empleo o una mejora en la infraestructura, la salud o la educación-,
ahora come "tres veces al día", como Lula
prometía en su campaña de 2002.
El gobierno gastó este año unos 4000 millones
de dólares en aquel programa, pero 20 veces más,
unos 75.000 millones de dólares, en el pago de intereses
de títulos públicos -que benefician al extracto
más alto de la sociedad brasileña-. Por ese
motivo, el gran problema de Brasil, la desigualdad, se mantuvo
prácticamente igual, con una reducción lenta
e imperceptible.
En política exterior, las ambiciones de "liderar"
América del Sur con las que Lula llegó al poder
quedaron a mitad de camino: Uruguay y Paraguay manifestaron
irritación por la falta de auxilio del socio mayor
del Mercosur; Chile continúa su propio camino; Evo
Morales tomó sin avisar las instalaciones de la estatal
brasileña Petrobras, y el presidente venezolano Hugo
Chávez se convirtió en un factor de poder con
influencia propia.
Para la Argentina, el saldo es positivo. Primero, porque
la valorización del real frenó la importación
de productos brasileños y aumentó la "invasión"
de turismo de Brasil. Y luego de las críticas del presidente
Néstor Kirchner al afán de protagonismo brasileño
y la falta de atención en el Mercosur, algunas concesiones
comerciales otorgadas por Brasil recuperaron la sintonía
política y diplomática.
Campaña doble
Alckmin, con su estilo sobrio y su carisma limitado por su
forma doctoral de hablar, disputó la campaña
contra Lula pero también contra sectores internos de
su partido que veían como improbable vencer al presidente
en estas elecciones. Preferían aguardar una victoria,
que consideran natural, en 2010, para la que ya se preparan
los socialdemócratas José Serra y Aecio Neves,
gobernadores respectivamente de San Pablo y Minas Gerais.
"Es difícil disputar una elección contra
un mito", dijo Neves, en una mezcla de elogio y resignación.
Alckmin no logró quitarse su apariencia paulista,
con la que es difícil atraer a los sectores del Nordeste,
el interior pobre de Brasil. Allí Lula, nordestino
pernambucano, jugaba de local. También cayó
en la estrategia de Lula, que lo llamó "privatista",
y a decir que el triunfo del socialdemócrata significaría
el retorno de las privatizaciones.
Hoy vuelven a votar 125 millones de electores -sufragaron
105 millones el 2 de octubre- para elegir presidente, y en
10 estados, también en ballottage, se elegirá
gobernador: Río de Janeiro, Río Grande do Sul,
Paraná, Santa Catarina, Maranhao, Pernambuco, Paraiba,
Río Grande do Norte, Goias y Pará.
El ballottage, visto inicialmente como un castigo para Lula,
terminó favoreciéndolo. Durante el mes de campaña
electoral se fortaleció su popularidad y atrajo más
aliados, algo vital para no comenzar otro período presidencial.
Porque segundos mandatos, como muestra la historia, no suelen
ser fáciles.
El Nordeste pobre, el gran bastión
de Lula
SAN PABLO (De nuestro corresponsal).- Es en aquel Nordeste
que muchos argentinos conocen, el de las playas paradisíacas
de Maceió, Salvador o Recife, donde se encuentra la
clave de la victoria anunciada de Luiz Inacio Lula da Silva.
Es en esa región, compuesta por nueve estados, con
una población de casi 50 millones de habitantes -el
38 por ciento del total del país-, donde se concentra
el retraso económico y social de Brasil.
No le fue siempre simpática a Lula, a pesar de que
el presidente nació en Pernambuco, uno de los principales
estados del Nordeste. Hasta 2002, la región era dominada
por caudillismos -de derecha e izquierda-, que se oponían
a una fuerza como el Partido de los Trabajadores (PT).
El partido creado por Lula resultaba o muy de izquierda para
un interior conservador, o de un sindicalismo sin lazos en
la región o muy "paulista".
El idilio con el presidente
Al llegar al gobierno, los escándalos en la cúpula
del poder abrieron una distancia entre Lula y las clases medias
del Sudeste -donde están San Pablo y Río de
Janeiro-. Y al mismo tiempo, el presidente aceleró
la inyección de recursos en el programa Beca Familia,
que sumó cada vez más familias. En promedio,
el subsidio pasó de 12 a 30 dólares por persona
por mes.
Es así como se crea el idilio entre el Nordeste y
Lula. La mayor parte de los 11,5 millones de familias alcanzadas
por su programa de incentivos están en el Nordeste,
donde se concentra la pobreza brasileña. Según
el censo de 2000, mientras el producto bruto interno per cápita
en el Nordeste es de 1435 dólares por año, en
el Sudeste es de 4178.
El elector que definiría hoy las elecciones de forma
contundente a favor de Lula no vive en las playas paradisíacas
de postal que hacen famoso al Nordeste, sino en las favelas
y suburbios de esas regiones, o en un interior cuya población,
en épocas de sequía, debía acudir a iguanas
y cactus como alimentación.
Durante su gobierno, Lula o venció los caudillismos
o los absorbió, al convertirlos en aliados. Y así
hizo del Nordeste su bastión, un lugar que concentra
al 47% de las familias brasileñas que tienen un ingreso
de hasta 350 dólares por mes.
Avanzar junto con la Argentina y afianzar
el Mercosur, dos desafíos
En este momento, los actores del ambiente económico
en la Argentina se preguntan de qué manera el resultado
de las elecciones en Brasil puede llegar a afectar el vínculo
entre ambos países y la situación particular
del Mercosur. Y ya estamos en condiciones de esbozar un análisis
preliminar, en virtud de que las principales encuestadoras
coinciden en que Lula sería reelegido en la segunda
vuelta de hoy.
De todas maneras, aun desconociendo el resultado, no es de
esperar que la próxima administración introduzca
cambios sustanciales en los principales lineamientos de la
política económica.
Hasta el momento, el rumbo económico ha permitido
conducir al país a una situación de mayor consolidación
macroeconómica, y goza del consenso tanto interno como
externo. Sin embargo, este desempeño no estuvo exento
de costos: por un lado, una moderada tasa de crecimiento económico,
contenida por la alta tasa interna de interés y, por
el otro, una cierta pérdida de competitividad de las
exportaciones causada por la apreciación cambiaria.
Por lo tanto, queda claro que una tarea indelegable del próximo
gobierno será impulsar la demanda agregada interna,
tratando de prolongar la actual tendencia decreciente de la
tasa de interés, así como expandir la demanda
externa por medio de una mayor apertura comercial con el mundo.
En este contexto, ¿qué cambios pueden pronosticarse
en la relación bilateral con la Argentina?
Durante los años inmediatamente posteriores a la crisis
argentina, las debilidades económico-productivas que
derivaron de ella conllevaron la ocurrencia de varios roces
entre ambos países, circunscriptos principalmente al
plano del comercio y de los incentivos económicos.
Sin embargo, esta situación fue cambiando paulatinamente
para mejor, a medida que la Argentina fue recuperando sus
niveles de producción, inversión y exportaciones.
El creciente déficit bilateral parece haber llegado
a un límite y en los sectores donde se vislumbraron
las principales dificultades, fueron encontrándose
lentamente las soluciones (nuevo acuerdo automotor, comisión
de monitoreo del comercio en sectores sensibles y mecanismo
de adaptación competitiva, MAC).
De esta forma, el desafío inmediato para ambos países
pasa por establecer de qué manera los esfuerzos combinados
serán encausados en pos de consolidar la integración
regional y reforzar los elementos aglutinantes del Mercosur.
El bloque necesita darse una forma más definida y
expresar con claridad sus objetivos; es ésta la única
manera de enfrentar con posibilidades de éxito el camino
de las negociaciones internacionales, que debería desembocar
en una mayor apertura al mundo.
Indudablemente, Lula asoma como el candidato más permeable
a la ejecución de estas tareas de una manera más
flexible y negociada con la Argentina. Sin embargo, teniendo
en cuenta que el desenlace de las elecciones fue más
complejo del esperado, y que Lula saldrá victorioso
pero sin un apoyo contundente de los principales sectores
productivos, cabe preguntarse : ¿cuánto margen
tendrá la administración brasileña de
ahora en más para contemplar los tiempos que necesita
la Argentina y para avanzar en permanente acuerdo con ella?
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