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Domingo 29 de Octubre de 2006
ACUERDO DE PETROBRAS CON BOLIVIA

LA PAZ.- El gobierno de Bolivia se aprestaba anoche a firmar los nuevos contratos "con varias" petroleras, entre ellas Petrobras, al filo del vencimiento del plazo fijado para que la explotación de los hidrocarburos vuelva a la órbita estatal.

La empresa brasileña acordó continuar con la explotación de los dos yacimientos gasíferos más importantes del país, que representan el 47 por ciento de las reservas de gas. Por su parte, Repsol YPF aún mantenía las negociaciones abiertas.

El presidente boliviano, Evo Morales, tenía previsto a última hora de anoche firmar los acuerdos en el Palacio de Comunicaciones, indicó el Ministerio de Hidrocarburos y Energía. A la medianoche de ayer venció el plazo de 180 días dado por Morales para que las petroleras suscriban con el Estado nuevos contratos si querían seguir operando en el país, aceptando las nuevas normas de la nacionalización de los hidrocarburos, dispuestas el 1° de mayo pasado. Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos ya había suscripto anteayer nuevos convenios con los representantes de la franco-belga TotalFinaElf y la estadounidense Vintage. Ayer llegó a La Paz el secretario de Estado español de Asuntos Exteriores, Bernardino León, para apoyar las negociaciones de Repsol YPF con el gobierno.

TotalFinaElf recibirá sólo el 18 por ciento del valor de la producción que obtenga en los campos Itaú e Incahuasi durante los próximos 20 años y se comprometió a invertir 1880 millones de dólares, incluyendo nuevas exploraciones durante los próximos 30 años. En tanto, Vintage, filial de Oxy y operadora de campos marginales de gas en el sudeste boliviano, tributará un 50 por ciento del valor de su producción. El decreto de nacionalización dispuso que las empresas sin contratos hasta ayer deberían dejar el país o ceder sus operaciones y activos a control de YPFB.


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Lula va por cuatro años más en el poder

SAN PABLO.- Los brasileños votan hoy por quinta vez desde el retorno de la democracia y, como indican las encuestas, sin dejar lugar a la incertidumbre: el presidente Luiz Inacio Lula da Silva sería reelecto para un nuevo mandato.

Según los últimos sondeos, el presidente tendría aproximadamente 23 millones de votos de ventaja. Los últimos sondeos de Ibope y Datafolha, divulgados ayer, coincidieron en adjudicarle a Lula el 61 por ciento de los votos contra el 39 por ciento del candidato socialdemócrata, Geraldo Alckmin.

El presidente hizo ayer una caminata en la región central de San Bernardo del Campo, el municipio de San Pablo que es su cuna política. Rodeado de militantes, declaró el fin de la disputa. "Terminó el proceso electoral; el que gane va a gobernar este país. Esa es la consagración de la democracia".

Pidiendo indirectamente una tregua a la oposición con vistas a su segundo mandato, el mandatario afirmó: "Los partidos políticos entienden que hay un momento para pelearse y un momento para administrar el país. Ustedes saben que soy un hombre de paz; no confundo mis divergencias de la disputa electoral con la gobernabilidad".

Alckmin, que al salir del debate del viernes dijo sentirse que había luchado como "un David contra Goliat", fue candidato hasta el fin. Ayer, en Río de Janeiro, dijo que sentía que "el mensaje está llegando" y que advertía "una inversión en la preferencia electoral".

Pero el candidato socialdemócrata llega a la elección con menor capital político del que había conquistado cuando el 2 de octubre logró evitar la victoria de Lula en primera vuelta. Había obtenido 41,6% de los votos, insuflado por la explosión de un último escándalo de corrupción en el que miembros del partido oficialista aparecían vinculados con una mafia que estafó al Estado en la compra de documentos -que resultaron inocuos o falsos- contra la oposición.

Lula, en tanto, disputa su quinta elección presidencial consecutiva. Durante el ejercicio de su mandato dejó las consignas de izquierda de lado, adoptó una postura ortodoxa en la economía y fortaleció los programas de asistencia social para las regiones pobres, su principal bastión electoral. No sólo sorprendió, por su historia, al hacer un gobierno aclamado por el mercado financiero y las autoridades del Fondo Monetario Internacional, sino también por la maraña de escándalos de corrupción.

Continuidad

Durante su gestión, Lula continuó -en algunos casos mejor, en otros no tanto- con el proceso de modernización del Estado brasileño y estabilización de la economía que se inició formalmente con Fernando Henrique Cardoso en 1994.

Pero así como Cardoso fue "premiado" con la reelección en 1998 por haber logrado eliminar el monstruo de la inflación, que deglutía los salarios, Lula sería elegido para gobernar hasta 2010 porque los sectores más pobres del país sintieron que su vida está mejor.

No está de más recordarlo. Según el Instituto Datafolha, Lula conquistó este mes la mayor evaluación positiva de sus cuatro años de gobierno y de todos los presidentes desde 1990: El 53% de los consultados lo calificó de "bueno" o "excelente". Para obtener semejante resultado positivo combinó dos cosas: seguridad jurídica y alta rentabilidad para los inversores financieros junto con la expansión de planes de subsidios sociales. Así, el país creció poco (2%), pero de forma estable.

El programa Hambre Cero, que comenzó con tropiezos, fue luego reformado y se transformó en el plan Beca Familia. Llega hoy a 11,5 millones de familias del estrato más bajo de la sociedad brasileña, donde efectivamente se padecía hambre. Si bien no permitió a esa gente abandonar la miseria -no hubo un aumento fuerte del empleo o una mejora en la infraestructura, la salud o la educación-, ahora come "tres veces al día", como Lula prometía en su campaña de 2002.

El gobierno gastó este año unos 4000 millones de dólares en aquel programa, pero 20 veces más, unos 75.000 millones de dólares, en el pago de intereses de títulos públicos -que benefician al extracto más alto de la sociedad brasileña-. Por ese motivo, el gran problema de Brasil, la desigualdad, se mantuvo prácticamente igual, con una reducción lenta e imperceptible.

En política exterior, las ambiciones de "liderar" América del Sur con las que Lula llegó al poder quedaron a mitad de camino: Uruguay y Paraguay manifestaron irritación por la falta de auxilio del socio mayor del Mercosur; Chile continúa su propio camino; Evo Morales tomó sin avisar las instalaciones de la estatal brasileña Petrobras, y el presidente venezolano Hugo Chávez se convirtió en un factor de poder con influencia propia.

Para la Argentina, el saldo es positivo. Primero, porque la valorización del real frenó la importación de productos brasileños y aumentó la "invasión" de turismo de Brasil. Y luego de las críticas del presidente Néstor Kirchner al afán de protagonismo brasileño y la falta de atención en el Mercosur, algunas concesiones comerciales otorgadas por Brasil recuperaron la sintonía política y diplomática.

Campaña doble

Alckmin, con su estilo sobrio y su carisma limitado por su forma doctoral de hablar, disputó la campaña contra Lula pero también contra sectores internos de su partido que veían como improbable vencer al presidente en estas elecciones. Preferían aguardar una victoria, que consideran natural, en 2010, para la que ya se preparan los socialdemócratas José Serra y Aecio Neves, gobernadores respectivamente de San Pablo y Minas Gerais. "Es difícil disputar una elección contra un mito", dijo Neves, en una mezcla de elogio y resignación.

Alckmin no logró quitarse su apariencia paulista, con la que es difícil atraer a los sectores del Nordeste, el interior pobre de Brasil. Allí Lula, nordestino pernambucano, jugaba de local. También cayó en la estrategia de Lula, que lo llamó "privatista", y a decir que el triunfo del socialdemócrata significaría el retorno de las privatizaciones.

Hoy vuelven a votar 125 millones de electores -sufragaron 105 millones el 2 de octubre- para elegir presidente, y en 10 estados, también en ballottage, se elegirá gobernador: Río de Janeiro, Río Grande do Sul, Paraná, Santa Catarina, Maranhao, Pernambuco, Paraiba, Río Grande do Norte, Goias y Pará.

El ballottage, visto inicialmente como un castigo para Lula, terminó favoreciéndolo. Durante el mes de campaña electoral se fortaleció su popularidad y atrajo más aliados, algo vital para no comenzar otro período presidencial. Porque segundos mandatos, como muestra la historia, no suelen ser fáciles.

El Nordeste pobre, el gran bastión de Lula

SAN PABLO (De nuestro corresponsal).- Es en aquel Nordeste que muchos argentinos conocen, el de las playas paradisíacas de Maceió, Salvador o Recife, donde se encuentra la clave de la victoria anunciada de Luiz Inacio Lula da Silva.

Es en esa región, compuesta por nueve estados, con una población de casi 50 millones de habitantes -el 38 por ciento del total del país-, donde se concentra el retraso económico y social de Brasil.

No le fue siempre simpática a Lula, a pesar de que el presidente nació en Pernambuco, uno de los principales estados del Nordeste. Hasta 2002, la región era dominada por caudillismos -de derecha e izquierda-, que se oponían a una fuerza como el Partido de los Trabajadores (PT).

El partido creado por Lula resultaba o muy de izquierda para un interior conservador, o de un sindicalismo sin lazos en la región o muy "paulista".

El idilio con el presidente

Al llegar al gobierno, los escándalos en la cúpula del poder abrieron una distancia entre Lula y las clases medias del Sudeste -donde están San Pablo y Río de Janeiro-. Y al mismo tiempo, el presidente aceleró la inyección de recursos en el programa Beca Familia, que sumó cada vez más familias. En promedio, el subsidio pasó de 12 a 30 dólares por persona por mes.

Es así como se crea el idilio entre el Nordeste y Lula. La mayor parte de los 11,5 millones de familias alcanzadas por su programa de incentivos están en el Nordeste, donde se concentra la pobreza brasileña. Según el censo de 2000, mientras el producto bruto interno per cápita en el Nordeste es de 1435 dólares por año, en el Sudeste es de 4178.

El elector que definiría hoy las elecciones de forma contundente a favor de Lula no vive en las playas paradisíacas de postal que hacen famoso al Nordeste, sino en las favelas y suburbios de esas regiones, o en un interior cuya población, en épocas de sequía, debía acudir a iguanas y cactus como alimentación.

Durante su gobierno, Lula o venció los caudillismos o los absorbió, al convertirlos en aliados. Y así hizo del Nordeste su bastión, un lugar que concentra al 47% de las familias brasileñas que tienen un ingreso de hasta 350 dólares por mes.

Avanzar junto con la Argentina y afianzar el Mercosur, dos desafíos

En este momento, los actores del ambiente económico en la Argentina se preguntan de qué manera el resultado de las elecciones en Brasil puede llegar a afectar el vínculo entre ambos países y la situación particular del Mercosur. Y ya estamos en condiciones de esbozar un análisis preliminar, en virtud de que las principales encuestadoras coinciden en que Lula sería reelegido en la segunda vuelta de hoy.

De todas maneras, aun desconociendo el resultado, no es de esperar que la próxima administración introduzca cambios sustanciales en los principales lineamientos de la política económica.

Hasta el momento, el rumbo económico ha permitido conducir al país a una situación de mayor consolidación macroeconómica, y goza del consenso tanto interno como externo. Sin embargo, este desempeño no estuvo exento de costos: por un lado, una moderada tasa de crecimiento económico, contenida por la alta tasa interna de interés y, por el otro, una cierta pérdida de competitividad de las exportaciones causada por la apreciación cambiaria.

Por lo tanto, queda claro que una tarea indelegable del próximo gobierno será impulsar la demanda agregada interna, tratando de prolongar la actual tendencia decreciente de la tasa de interés, así como expandir la demanda externa por medio de una mayor apertura comercial con el mundo.

En este contexto, ¿qué cambios pueden pronosticarse en la relación bilateral con la Argentina?

Durante los años inmediatamente posteriores a la crisis argentina, las debilidades económico-productivas que derivaron de ella conllevaron la ocurrencia de varios roces entre ambos países, circunscriptos principalmente al plano del comercio y de los incentivos económicos. Sin embargo, esta situación fue cambiando paulatinamente para mejor, a medida que la Argentina fue recuperando sus niveles de producción, inversión y exportaciones.

El creciente déficit bilateral parece haber llegado a un límite y en los sectores donde se vislumbraron las principales dificultades, fueron encontrándose lentamente las soluciones (nuevo acuerdo automotor, comisión de monitoreo del comercio en sectores sensibles y mecanismo de adaptación competitiva, MAC).

De esta forma, el desafío inmediato para ambos países pasa por establecer de qué manera los esfuerzos combinados serán encausados en pos de consolidar la integración regional y reforzar los elementos aglutinantes del Mercosur.

El bloque necesita darse una forma más definida y expresar con claridad sus objetivos; es ésta la única manera de enfrentar con posibilidades de éxito el camino de las negociaciones internacionales, que debería desembocar en una mayor apertura al mundo.

Indudablemente, Lula asoma como el candidato más permeable a la ejecución de estas tareas de una manera más flexible y negociada con la Argentina. Sin embargo, teniendo en cuenta que el desenlace de las elecciones fue más complejo del esperado, y que Lula saldrá victorioso pero sin un apoyo contundente de los principales sectores productivos, cabe preguntarse : ¿cuánto margen tendrá la administración brasileña de ahora en más para contemplar los tiempos que necesita la Argentina y para avanzar en permanente acuerdo con ella?

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Fuente: Diario sobre Diarios

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