Perú
busca turistas
LIMA (El Comercio).- El Ministerio de Comercio Exterior y
Turismo ha dejado de pensar en cifras. La nueva cabeza de
esta cartera, Mercedes Aráoz, ha decidido dar un giro
a la política turística del Perú y ha
priorizado la calidad sobre la cantidad. Las enormes campañas
publicitarias que el gobierno anterior impulsaba, con avisos
en los metros madrileños o londinenses llamando a las
grandes masas a visitar la tierra de los incas, quedarán,
al parecer, en el olvido.
"Llegar a pensar en millones de turistas -que además
no dejan mucho dinero- no tiene sentido", explicó
Mercedes Aráoz. Y es que el gobierno, consciente de
que muchos destinos no tienen la infraestructura para recibir
grandes cantidades de turistas, ha optado por dejar de buscar
que se multipliquen las estadísticas de llegadas por
el aeropuerto Jorge Chávez y busca hoy un turismo basado
sobre dos ejes: el especializado (turismo de aventura, místico
o de avistadores de aves), que viaja por más días
y gasta más, y el interno, que dinamiza el sector y,
a la vez, no es tan exigente.
"¿Lo que importa es promocionar sólo un
número de personas o personas que gasten y duren más
tiempo? Nosotros estamos apuntando a un grupo de demanda de
mayor gasto por más días. Es decir, vas a estar
en el segmento de mercado más alto y más atractivo.
Los turismos masivos son difíciles de lograr, busquemos
lo que nos va a dar más rendimiento. Porque, además,
en promociones masivas tienes que gastar mucho más
dinero. Acá no, son promociones más articuladas
y focalizadas", agregó la funcionaria.
"Si se compara el per cápita del rendimiento
que le dan a México los millones de turistas, este
resulta bajo comparado a lo que podemos lograr con lo que
da un turista especializado. Es allí en donde nos vamos
a especializar, no en llenarnos de millones de extranjeros,
sino en los turistas que queremos tener y que nos van a dar
la mayor cantidad de divisas", concluyó Aráoz.
Piden parar las edificaciones sin control
Mientras la nueva población de torres y edificios
va dando otra fisonomía a Buenos Aires, que pierde
una casa cada dos días, el desarrollo explosivo de
la construcción ha provocado una creciente movilización
vecinal: en distintos barrios piden que cesen las edificaciones
por el posible colapso de la red cloacal y de los servicios,
además de la preferencia de muchos por vivir en zonas
de casas bajas.
De enero a agosto pasado, la Dirección General de
Fiscalización y Catastro del gobierno porteño
autorizó la construcción de 1.909.348 metros
cuadrados, lo que equivale a un aumento del 42,7 por ciento
respecto del mismo período de 2005 -1.338.293 m2- y
del 123,7% respecto de la crisis económica, en 2001,
cuando se autorizaron 853.651 m2, según datos suministrados
a LA NACION por el Centro de Estudios para el Desarrollo Económico
Metropolitano (Cedem).
Caballito, Palermo, Flores, Villa Urquiza y Belgrano son
los barrios con mayor edificación y en ellos se concentra
casi el 50% de la superficie aprobada en toda la Capital.
Allí, vecinos agrupados en asociaciones alzaron su
protesta cuando las calles se poblaron de andamios y albañiles.
Incluso, hubo denuncias por la baja de energía eléctrica,
los cortes en el suministro de agua y hasta inundaciones por
la sobresaturación de la red cloacal (ver aparte).
Hoy el Código de Edificación permite la construcción
de estas torres y edificios que se levantan en terrenos donde
antes había una casa, pues hace tiempo que no hay lotes
libres en la ciudad. En lo que va del año se demolieron
más de 160 viviendas y galpones en una urbe que ya
tiene unas 30.000 unidades de más de cinco pisos.
"Todo lo que se construye está permitido. El
Código no dice que donde hay casas no se pueden levantar
edificios... Hay cinco proyectos de ley presentados en la
Legislatura para modificar esta situación. El reclamo
de los vecinos merece ser atendido. Pero tampoco se le puede
poner una tapa a Buenos Aires, porque si se prohíbe
la construcción, los valores de las propiedades subirían
ante tanta demanda y poca oferta", dijo a LA NACION el
diputado Alvaro González, presidente de la Comisión
de Planeamiento Urbano de la Legislatura.
Enrique García Espil, vicepresidente del Consejo Profesional
de Arquitectura y Urbanismo, criticó la falta de un
plan estatal sobre la ciudad que se quiere. "Buenos Aires
no tiene un proyecto, cosa que es un disparate. Es obligatorio
formular un plano urbano, pero pasaron diez años [de
la sanción de la Constitución porteña]
y nunca se hizo nada. Creo que si se reformara el Código,
lo primero que querríamos es que hubiera barrios de
más altura, y barrios bajos. Y hoy están mezclados."
Según Hugo Mennella, presidente de la Cámara
Inmobiliaria Argentina, el boom edilicio es positivo. "La
construcción es muy alentadora, porque va cambiando
la fisonomía del barrio, se va modernizando y se incrementa
su nivel poblacional", dijo.
Nuevos propietarios
Los nuevos condominios en las citadas zonas están
orientados a personas con buen poder adquisitivo, ya que el
metro cuadrado oscila entre 1200 y 2500 dólares. "Los
que hoy compran estas viviendas son argentinos que viven en
el exterior, los que están dolarizados, y los extranjeros",
dijo el diputado González.
La pregunta que surge es: ¿puede la infraestructura
de la Capital resistir semejante crecimiento inmobiliario?
Ingenieros, arquitectos, funcionarios y urbanistas, a pedido
de LA NACION, estimaron que si se mantiene este ritmo en la
construcción sin una adecuada inversión para
modernizar la red cloacal y pluvial, que data de 1920, los
servicios colapsarán en poco más de 10 años.
El ingeniero Silvio Bressan, director del Departamento de
Ingeniería Ci |