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Lunes 2 de Octubre de 2006
VENCIÓ LULA, PERO NO LOGRÓ EVITAR LA SEGUNDA VUELTA

SAN PABLO.– El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, venció ayer en las elecciones con el 48,79% de los votos, pero al no llegar al 50% más uno de los sufragios deberá buscar su reelección en un ballottage, el 29 de este mes.

Su rival será el socialdemócrata Geraldo Alckmin (41,43%), lo que despierta un suspenso enorme para una definición que, después del repunte de la oposición, se vuelve impredecible.

Cerca de la medianoche, con el 97,8% de los sufragios escrutados, el tercer lugar quedó para Heloísa Helena, del Partido Socialismo y Libertad, con el 6,85 por ciento.

El funcionamiento del sistema electoral fue ejemplar: un padrón de 126 millones de brasileños votó ayer en un clima de calma y sin incidentes, y pocas horas después del cierre de las urnas ya se había escrutado casi el total de los votos.

El resultado dejó en evidencia una división en la preferencia política del país por regiones socioeconómicas. En el Nordeste –donde se concentra la mayor pobreza– Lula obtuvo aproximadamente el 65% de los votos y Alckmin, el 25%. En el Sudeste –el más rico, que incluye a Río de Janeiro y San Pablo–, la preferencia por Alckmin fue clara: 55 contra 35 por ciento.

También en los comicios para gobernadores la oposición tuvo una gran jornada, al conseguir victorias importantes en los grandes centros urbanos, como San Pablo (se impuso el ex candidato presidencial José Serra, del mismo partido que Alckmin), Minas Gerais y Brasilia. El gobierno se queda además con una minoría en el Senado –menos de la tercera parte– y una situación en la Cámara de Diputados similar a la que ya tenía; es decir que, en caso de ser reelegido, estará obligado a negociar todo con la oposición.

La pérdida de popularidad de Lula en los últimos días como consecuencia de un caso de corrupción en el PT y el haber dejado la silla vacía en el debate del jueves por TV terminaron quitándole una victoria en primera vuelta que parecía segura hace sólo un mes.

Lula venció en los bastiones en donde está concentrada su acción social, pero perdió en la región del sector productivo brasileño y la clase media, que no fueron beneficiados ni por los planes de auxilio ni por las ventajas para las inversiones financieras. Es también la región con mayor acceso a la educación y donde la indignación por los escándalos fue mayor.

En los últimos días se extendió también la convicción de que sería positivo para la democracia que los dos principales candidatos pudieran debatir un modelo de país durante la campaña para el ballottage. Ese debate no ocurrió hasta ahora porque las elecciones inicialmente no despertaron interés, y al final la campaña fue dominada por el escándalo de la compra del dossier con denuncias falsas contra la oposición por parte de un grupo de dirigentes del PT y colaboradores de Lula.

El golpe final contra el presidente fue la foto de los 800.000 dólares utilizados por los dirigentes petistas para pagar los documentos con el objetivo de perjudicar al candidato socialdemócrata en San Pablo, José Serra. La foto fue filtrada a la prensa por un comisario de la policía a pesar de que se había decidido no mostrarla para no influir políticamente en los comicios.

Alckmin, el candidato socialdemócrata que se presenta como un administrador eficiente del Estado, logró una elección sorprendente. Un virtual desconocido en buena parte del país hasta hace pocos meses, logró sumar al electorado tradicional socialdemócrata el voto protesta por la seguidilla de escándalos en los que se vieron involucrados funcionarios del gobierno desde 2004.

Otra sorpresa fue el resurgimiento político del ex presidente Fernando Collor de Mello, 14 años después de su renuncia en medio de un juicio político por corrupción. En su tercer intento de volver a la política, regresará a Brasilia como senador por el estado de Alagoas.

Anoche, Lula estaba recluido en el Palacio de la Alvorada. Algunos allegados afirmaron que estaba "bastante molesto y deprimido". Su victoria en la segunda vuelta se convierte ahora en una incógnita. Hace un mes, las encuestas anticipaban su victoria frente a Alckmin por 51% de los votos contra 40. El resultado de ayer muestra que ése puede ser un escenario viejo y que las preferencias pueden haberse emparejado.

En 2002, Lula obtuvo en la primera vuelta el 46,44% de los votos y terminó derrotando a Serra en el ballottage por 61,27 contra 38,73 por ciento.

El desempeño de Alckmin fue una sorpresa incluso para los dirigentes de su partido, donde siempre se lo consideró un candidato para "quemar", porque parecía imposible vencer a Lula. Además, sacudió a los otros dos máximos dirigentes "tucanos", como se les dice aquí a los socialdemócratas, los flamantes gobernadores de San Pablo, José Serra, y el reelegido Aecio Neves, de Minas Gerais, que tienen los ojos puestos en las elecciones presidenciales de 2010. Una victoria de Alckmin en este momento les arruinaría los planes.

Todo parece indicar que en los próximos días Brasil vivirá una campaña totalmente diferente. Hasta hace dos semanas, el presidente esperaba cómodamente la victoria en primera vuelta. Luego, cuando las encuestas comenzaron a mostrar que perdía favoritismo, acusó a las "elites prejuiciosas" de querer sacarlo del poder. Ahora tendrá que arremangarse y salir a pelear los votos como en los viejos tiempos. Sólo que ya no cuenta con una militancia apasionada ni con la simpatía de las clases medias ni con el respaldo incondicional de los movimientos sociales.

Con más capacidad de atracción después de ayer, Alckmin podrá recibir el apoyo de los flamantes gobernadores socialdemócratas e inyectar más entusiasmo a sus votantes, que ni imaginaban una segunda vuelta.

Los analistas señalaron en las últimas horas que no se debe pasar por alto el impacto que tuvo el debate por TV en el apoyo que se le escurrió a Lula en las últimas horas. El presidente dejó la silla vacía al calcular que sería mejor que tener que enfrentar a otros tres candidatos y dar explicaciones por los deslices de sus colaboradores.

Tampoco hay que pasar por alto la indignación que creció en los últimos días por los casos de corrupción. No fueron pocos los que apretaron los botones de la urna con la nariz de payaso puesta, en señal de protesta.

Se notó la ausencia en las calles de los bocinazos de autos con banderas del PT, algo típico de las elecciones anteriores. A favor o contra el gobierno, los brasileños votaron en silencio. Pero supieron hacer llegar su mensaje: quieren pensar un poco más antes de tomar la decisión final.


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  Otras noticias

La línea roja entre Chávez y Bush

En Córdoba, durante el plenario del Mercosur, Hugo Chávez miró a Lula y, sonriente, espetó: "Vas a ganar". Obtuvo como respuesta una mueca de desaprobación y, finalmente, una carcajada nerviosa, no espontánea. Néstor Kirchner, sorprendido, a punto estuvo de tomarse la cabeza con las manos.

Era un deseo y, a la vez, una broma. El presidente brasileño, acosado en el frente interno por el mayor escándalo de corrupción de la historia moderna y en el externo por las consecuencias para la compañía Petrobras de LA NACIONalización de los hidrocarburos en Bolivia, no pensaba que su par bolivariano iba romper en público el pacto que habían sellado en privado: no meter las narices en el territorio del otro.

Chávez, empero, no pudo con su genio. Y Lula tampoco pudo con el suyo, más allá de la carcajada con la cual quiso disimular la irritación. Entre ellos, la simpatía comenzó a declinar en forma proporcional con el aumento del precio del petróleo y de la expansión regional de la revolución bolivariana.

Lula pudo ser el primer presidente de izquierda y de extracción sindical de Brasil, pero, sin hacer aspaviento, quiso proyectar a su país como un continente dentro del continente. En principio, esa política continuará, sea quien fuere el próximo presidente. Los 1200 soldados enviados a Haití, donde Brasil comanda la fuerza de mantenimiento de paz de las Naciones Unidas, representaron el mayor despliegue militar desde la Segunda Guerra Mundial. Lula rompió con esa decisión la imagen de pasividad o de indiferencia que tenía el país frente a crisis que, por producirse en la región que siempre pretendió liderar, requerían su atención.

Profundizó, en realidad, la línea de mayor intervención en asuntos externos que había trazado Fernando Henrique Cardoso, su antecesor. Lula pudo haberla desechado. También pudo haber desechado la posibilidad de ser el vocero de los países que, reunidos en el Grupo de los 20, se sienten damnificados de los subsidios agrícolas, usuales en la Unión Europea y los Estados Unidos.

De ahí, como miembro del Mercosur, su oposición al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que preside con los Estados Unidos, sin adoptar para ello el discurso hiriente de Chávez contra George W. Bush ni abrazar otras variantes, como la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), suscripta por Venezuela, Cuba y Bolivia.

Con Alvaro Uribe, más allá de que discrepe como Cardoso de la ayuda que recibe de los Estados Unidos por medio del Plan Colombia, Lula tendió puentes de colaboración entre los ejércitos. Procuró de ese modo que las guerrillas de las FARC y el ELN no traspusieran su frontera, más permeable a las drogas y las armas. Con Bush, a su vez, hizo valer su historial impecable como firmante del Tratado de No Proliferación e impidió inspecciones de su proceso de enriquecimiento de uranio, causa de la guerra contra Irak y de discordias con Irán y Corea del Norte, entre otros.

Bolivia, Evo y el gas

Al margen de ello, después de la victoria de Evo Morales en Bolivia, Chávez concluyó que el gigante, Brasil, tenía los pies de barro. Su dependencia del gas andino era el punto débil por el cual podía medir su fuerza. LA NACIONalización de los hidrocarburos, más allá de su impacto económico, derivó en una cumbre de urgencia en Puerto Iguazú, organizada por Kirchner.

Lo último que esperaba Lula, mientras transitaba la campaña por la reelección en medio del escándalo de corrupción del PT, era que el ejército del país más pobre de América del Sur, Bolivia, se plantara frente a una de las sedes de Petrobras y que Chávez, después de haber animado a Morales a ejecutar sus políticas, actuara como árbitro.

Tras ásperas negociaciones, Lula instó a Morales a no mantener una espada sobre su cabeza: "Nosotros también podemos colocar una espada sobre la cabeza de ustedes, porque les compramos el gas -le dijo-. Si no nos lo venden a nosotros, veo muy difícil que puedan vendérselo a otro". Debió replicar, también, acusaciones de su rival en las elecciones, Geraldo Alckmin, por su presunta tibieza con un novato. En ambos casos, Lula intentó aplacar la inquietud interna. La mitad del gas que consume Brasil procede de Bolivia.

Lula nunca entendió la razón por la cual Morales, ávido de amasar poder en sus primeros meses de gobierno, apuntó contra él. "Si no me peleé con Bush, ¿por qué debería pelearme con Evo?", se preguntó. En Bolivia, Andrés Soliz Rada, ex ministro de Hidrocarburos, dispuso la estatización del proceso de refinado y de toda la cadena de comercialización de Petrobras. Su sucesor, Carlos Villegas, advirtió: "Petrobras no nos doblará la mano". Moraleja: los planes de inversión de la compañía quedaron paralizados.

En ello, según concluyó Lula, tuvo que ver Chávez, lanzado en su carrera por imponer su discurso en la región, misión imposible a pesar de sus petrodólares, y por ocupar una banca no permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para lo cual recibió el apoyo del Mercosur. En ese ámbito, Brasil aspira a una banca permanente, posición con la que no coincide la Argentina.

En Brasil, Chávez apostó por Lula. Que en Perú haya perdido Ollanta Humala, su candidato, no significa que haya renunciado a su injerencia externa. En Ecuador, apuesta este mes por Rafael Correa; en Nicaragua, en noviembre, por Daniel Ortega.

Lula, Kirchner y otros supieron desde el comienzo que debían marcar una delgada línea roja frente a Chávez. Pudieron coincidir en casi todo con él y celebrar sus ocurrencias, pero jamás adoptaron su política exterior.

Putin acusó a Georgia de ejercer "terrorismo"

MOSCU (AP).- La escalada de tensión entre Rusia y Georgia, provocada por el reciente arresto de supuestos espías rusos, se intensificó ayer y Moscú denunció "un acto de terrorismo de Estado con toma de rehenes" por parte de Tiflis. Además, acusó Georgia de comportarse como la policía secreta de Stalin.

Duro revés electoral para el primer ministro

BUDAPEST (AP).- La oposición de centroderecha ganó las elecciones municipales de ayer en casi todo el país, salvo en Budapest, tras dos semanas de protestas por la admisión del primer ministro Ferenc Gyurcsany de que mintió acerca del estado de la economía. El jefe del principal partido opositor reclamó la renuncia del premier.

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Fuente: Diario sobre Diarios

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