La
línea roja entre Chávez y Bush
En Córdoba, durante el plenario del Mercosur, Hugo
Chávez miró a Lula y, sonriente, espetó:
"Vas a ganar". Obtuvo como respuesta una mueca de
desaprobación y, finalmente, una carcajada nerviosa,
no espontánea. Néstor Kirchner, sorprendido,
a punto estuvo de tomarse la cabeza con las manos.
Era un deseo y, a la vez, una broma. El presidente brasileño,
acosado en el frente interno por el mayor escándalo
de corrupción de la historia moderna y en el externo
por las consecuencias para la compañía Petrobras
de LA NACIONalización de los hidrocarburos en Bolivia,
no pensaba que su par bolivariano iba romper en público
el pacto que habían sellado en privado: no meter las
narices en el territorio del otro.
Chávez, empero, no pudo con su genio. Y Lula tampoco
pudo con el suyo, más allá de la carcajada con
la cual quiso disimular la irritación. Entre ellos,
la simpatía comenzó a declinar en forma proporcional
con el aumento del precio del petróleo y de la expansión
regional de la revolución bolivariana.
Lula pudo ser el primer presidente de izquierda y de extracción
sindical de Brasil, pero, sin hacer aspaviento, quiso proyectar
a su país como un continente dentro del continente.
En principio, esa política continuará, sea quien
fuere el próximo presidente. Los 1200 soldados enviados
a Haití, donde Brasil comanda la fuerza de mantenimiento
de paz de las Naciones Unidas, representaron el mayor despliegue
militar desde la Segunda Guerra Mundial. Lula rompió
con esa decisión la imagen de pasividad o de indiferencia
que tenía el país frente a crisis que, por producirse
en la región que siempre pretendió liderar,
requerían su atención.
Profundizó, en realidad, la línea de mayor
intervención en asuntos externos que había trazado
Fernando Henrique Cardoso, su antecesor. Lula pudo haberla
desechado. También pudo haber desechado la posibilidad
de ser el vocero de los países que, reunidos en el
Grupo de los 20, se sienten damnificados de los subsidios
agrícolas, usuales en la Unión Europea y los
Estados Unidos.
De ahí, como miembro del Mercosur, su oposición
al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que
preside con los Estados Unidos, sin adoptar para ello el discurso
hiriente de Chávez contra George W. Bush ni abrazar
otras variantes, como la Alternativa Bolivariana para las
Américas (ALBA), suscripta por Venezuela, Cuba y Bolivia.
Con Alvaro Uribe, más allá de que discrepe
como Cardoso de la ayuda que recibe de los Estados Unidos
por medio del Plan Colombia, Lula tendió puentes de
colaboración entre los ejércitos. Procuró
de ese modo que las guerrillas de las FARC y el ELN no traspusieran
su frontera, más permeable a las drogas y las armas.
Con Bush, a su vez, hizo valer su historial impecable como
firmante del Tratado de No Proliferación e impidió
inspecciones de su proceso de enriquecimiento de uranio, causa
de la guerra contra Irak y de discordias con Irán y
Corea del Norte, entre otros.
Bolivia, Evo y el gas
Al margen de ello, después de la victoria de Evo Morales
en Bolivia, Chávez concluyó que el gigante,
Brasil, tenía los pies de barro. Su dependencia del
gas andino era el punto débil por el cual podía
medir su fuerza. LA NACIONalización de los hidrocarburos,
más allá de su impacto económico, derivó
en una cumbre de urgencia en Puerto Iguazú, organizada
por Kirchner.
Lo último que esperaba Lula, mientras transitaba la
campaña por la reelección en medio del escándalo
de corrupción del PT, era que el ejército del
país más pobre de América del Sur, Bolivia,
se plantara frente a una de las sedes de Petrobras y que Chávez,
después de haber animado a Morales a ejecutar sus políticas,
actuara como árbitro.
Tras ásperas negociaciones, Lula instó a Morales
a no mantener una espada sobre su cabeza: "Nosotros también
podemos colocar una espada sobre la cabeza de ustedes, porque
les compramos el gas -le dijo-. Si no nos lo venden a nosotros,
veo muy difícil que puedan vendérselo a otro".
Debió replicar, también, acusaciones de su rival
en las elecciones, Geraldo Alckmin, por su presunta tibieza
con un novato. En ambos casos, Lula intentó aplacar
la inquietud interna. La mitad del gas que consume Brasil
procede de Bolivia.
Lula nunca entendió la razón por la cual Morales,
ávido de amasar poder en sus primeros meses de gobierno,
apuntó contra él. "Si no me peleé
con Bush, ¿por qué debería pelearme con
Evo?", se preguntó. En Bolivia, Andrés
Soliz Rada, ex ministro de Hidrocarburos, dispuso la estatización
del proceso de refinado y de toda la cadena de comercialización
de Petrobras. Su sucesor, Carlos Villegas, advirtió:
"Petrobras no nos doblará la mano". Moraleja:
los planes de inversión de la compañía
quedaron paralizados.
En ello, según concluyó Lula, tuvo que ver
Chávez, lanzado en su carrera por imponer su discurso
en la región, misión imposible a pesar de sus
petrodólares, y por ocupar una banca no permanente
en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para lo
cual recibió el apoyo del Mercosur. En ese ámbito,
Brasil aspira a una banca permanente, posición con
la que no coincide la Argentina.
En Brasil, Chávez apostó por Lula. Que en Perú
haya perdido Ollanta Humala, su candidato, no significa que
haya renunciado a su injerencia externa. En Ecuador, apuesta
este mes por Rafael Correa; en Nicaragua, en noviembre, por
Daniel Ortega.
Lula, Kirchner y otros supieron desde el comienzo que debían
marcar una delgada línea roja frente a Chávez.
Pudieron coincidir en casi todo con él y celebrar sus
ocurrencias, pero jamás adoptaron su política
exterior.
Putin acusó a Georgia de
ejercer "terrorismo"
MOSCU (AP).- La escalada de tensión entre Rusia y
Georgia, provocada por el reciente arresto de supuestos espías
rusos, se intensificó ayer y Moscú denunció
"un acto de terrorismo de Estado con toma de rehenes"
por parte de Tiflis. Además, acusó Georgia de
comportarse como la policía secreta de Stalin.
Duro revés electoral para el primer
ministro
BUDAPEST (AP).- La oposición de centroderecha ganó
las elecciones municipales de ayer en casi todo el país,
salvo en Budapest, tras dos semanas de protestas por la admisión
del primer ministro Ferenc Gyurcsany de que mintió
acerca del estado de la economía. El jefe del principal
partido opositor reclamó la renuncia del premier.
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