Evo
Morales garantiza exportación de gas a Brasil
El suministro de gas boliviano a Brasil está garantizado,
pese a la ocupación por parte de indígenas guaraníes
de una estación de transporte del combustible, aseguró
la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos
(YPFB).
El ejecutivo de YPFB, Mariano Dupleichs, dijo que el abastecimiento
al vecino país no es afectado por la toma de la estación
operativa Parapetí, en el oriental departamento de
Santa Cruz, por centenares de guaraníes.
Las instalaciones ocupadas pertenecen a la empresa Transierra,
consorcio formado por las compañías Petrobras
de Brasil, Repsol YPF de España y Argentina y Total
Final Elf de Francia y los indígenas no han interrumpido
su funcionamiento, aseguró Dupleichs.
Los manifestantes reclaman a Transredes una indemnización
de nueve millones de dólares por el incumplimiento
del compromiso de hacer inversiones sociales en beneficio
de los guaraníes, en compensación por el daño
ambiental causado por la construcción de un gasoducto
a Brasil.
Transredes se comprometió a esas inversiones en un
convenio firmado con la Asamblea del Pueblo Guaraní
en julio de 2005 y, ante el conflicto desatado, los ministerios
de Desarrollo Rural y Agropecuario y de Hidrocarburos buscan
una salida mediante la negociación.
La organización indígena advirtió que,
si su reclamo no es atendido, bloqueará además
la carretera Yacuiba (fronteriza con Argentina)-Santa Cruz,
vital para el suministro de diesel importado del mercado argentino
para el oriente y el sur del país.
El presidente de la Asamblea del Pueblo Guaraní, Wilson
Changaray, quien lidera la protesta, dijo que esperaba una
mediación entre el gobierno y Transierra, la empresa
propietaria del ducto que transporta más del 60 por
ciento del gas que Bolivia exporta a Brasil.
"Conocemos la amenaza de cerrar válvulas del
gasoducto, lo cual no ha ocurrido hasta la mañana del
lunes por lo que las operaciones de exportación son
todavía normales," dijo el director de ductos
de la Superintendencia de Hidrocarburos, Abel Pantoja, a la
agencia Reuters.
El ducto de Transierra transporta entre 16 y 17 millones
de metros cúbicos de gas natural y fue tomado por los
guaraníes a su paso por el río Parapetí,
a unos 1.100 kilómetros al sudeste de La Paz.
La exportación total de gas de Bolivia a Brasil ronda
los 26 millones de metros cúbicos de gas, o aproximadamente
el 80 por ciento de lo que consume el distrito industrial
de Sao Paulo, según el gobierno boliviano.
Changaray dijo, según fue citado por radio Fides,
que los guaraníes que llegaron hasta la estación
de control del gasoducto eran más de 500 "dispuestos
a hacer valer sus derechos porque Transierra no ha cumplido
sus compromisos, no ha desembolsado ni un peso de lo acordó."
Pantoja informó que un delegado de la Superintendencia
de Hidrocarburos acompañaba a funcionarios de Transierra
que viajaron el lunes a dialogar con los guaraníes,
que exigen el cumplimiento de un compromiso de la empresa,
que data del 2005, de invertir nueve millones de dólares
en el desarrollo de la región en un plazo de 20 años.
Radios locales dijeron que el ministro de Desarrollo Rural,
Hugo Salvatierra, viajó también al lugar del
conflicto, que se suma a las dificultades con que tropiezan
las petroleras extranjeras desde que el gobierno decretó
en mayo la nacionalización del sector.
Las operaciones de Transierra no fueron afectadas por la
nacionalización, que en cambio golpeó a otros
negocios de las tres petroleras al declarar de propiedad estatal
toda la producción nacional de crudo y gas.
El Mercosur creará un Observatorio
Democrático
Mercado Común del Sur (Mercosur) creará un
"observatorio democrático" que servirá
de referencia hacia adentro y fuera de los para mostrar los
procesos políticos en la región, informó
ayer en Brasilia el argentino Carlos Alvarez, presidente de
la Comisión de Representantes Permanentes del organismo.
El funcionamiento, sede y atribuciones específicas
del Observatorio Democrático serán definidos
en una reunión el 29 y 30 de agosto en Montevideo,
afirmó Alvarez en rueda de prensa en la sede de la
cancillería brasileña.
El nuevo ente del bloque tiene como objetivo principal mostrar
al mundo, y específicamente a los países centrales
que los sistemas de gobierno de la región, cualquiera
sea el signo político e o ideológico, no sean
vistos negativamente por “la elite”.
Así, de los países miembros, Brasil, Argentina,
Paraguay, Venezuela y Uruguay, serán observados sus
sistemas políticos, electorales, la libertad de expresión,
derechos humanos, participación popular, entre otros
temas, y luego los informes se elevarán a los jefes
de estado.
“A veces en Europa, Estados Unidos, a algún
sector de la elite, le cuesta entender los procesos latinoamericanos,
tiende rápidamente a descalificarlos. Entonces la idea
de populismo se asocia al autoritarismo; populismo más
autoritarismo es la negación de la democracia",
dijo Alvarez, por ello agregó que “el observatorio
también tiene que ser una referencia, una señal
del Mercosur hacia el mundo del tema de la democracia en la
región".
El ex vicepresidente argentino dijo además que hay
ciertos democracias que son descalificados y prejuzgadas como
“populistas” y que el solo hecho de nombrar ese
proceso ya es mal visto. Venezuela es un claro ejemplo de
cómo ciertos sectores de la prensa y los sectores de
poder deslegitiman y menosprecian la “Revolución
Bolivariana”.
Pero "en Venezuela hay legitimidad de origen, hubo cinco
elecciones, la oposición funciona sin condicionamientos,
los medios de comunicación, la mayoría son medios,
digamos, son opositores", aseguró Alvarez, por
lo cual la tarea del Observatorio sería "ayudar
a disipar" esos "malentendidos" sobre los sistemas
políticos, dijo Alvarez.
El Observatorio podría ponerse en funcionamiento para
las elecciones presidenciales que se desarrollaran en Brasil
el próximo 1 de octubre, o bien para los comicios venezolanos
del 3 de diciembre.
El Observatorio fue una de las cuatro iniciativas aprobadas
en la última reunión cumbre del Mercosur, realizada
en la ciudad argentina de Córdoba el 21 de julio. Las
otras iniciativas fueron la creación de un instituto
de formación de funcionarios especializados en integración,
implantación de políticas públicas de
alcance regional y trabajar en la integración de las
cadenas productivas de los socios.
Los productos chinos ya pueden inundar
el país vecino
La chilena ya es la economía más abierta del
mundo. El 70 por ciento del mundo tiene algún acuerdo
con Santiago. ¿Debemos esperar que la nación
trasandina sea la próxima Noruega? La evidencia no
parece indicar esto.
El Gobierno de la presidente Michelle Bachelet promulgó
la entrada en vigencia del tratado de libre comercio (TLC)
con China, y convirtió a la nación vecina en
el país que más convenios de este tipo tiene
en vigencia.
La mandataria trasandina calificó el TLC con China
como un hito en la política comercial chilena, "ya
que nos vincula de una manera privilegiada y estratégica
con un país que ya es la cuarta economía del
mundo".
La promulgación del TLC se realizó en un viñedo
de Isla de Maipo, 35 kilómetros al sur de Santiago,
donde la presidente estuvo acompañada por el canciller
Alejandro Foxley, y por el ministro de Hacienda, Andrés
Velasco.
Los objetivos de la Administración Bachelet son consolidar
la presencia de la producción chilena en la nación
más populosa del mundo y convertirse en puerta de entrada
de las inversiones asiáticas en la región. Chile
está especialmente ansioso en recibir inversiones en
los sectores mineros, energéticos, en la infraestructura
y en la agricultura.
Según la Dirección de Relaciones Económicas
Internacionales de la cancillería santiagueña,
ahora Chile busca convertirse en una "plataforma de negocios
y puente de conexión" para el intercambio comercial
entre los países de Asia y los del Cono Sur.
China representa un mercado potencial de 1.300 millones de
personas mientras que e mercado chileno es de 15 millones
de personas.
En el terreno de la Economía Política, Chile
refirma se ansias aperturistas. El vecino se convirtió
en el país más abierto del mundo, debido a la
firma contínua de TLC. Antes de este flamante acuerdo,
la producción chilena tenía acceso preferencial
al casi el 70 por ciento de la producción mundial total;
ahora la cifra se eleva al 75 por ciento.
Como siempre se justifica, se espera que este TLC potencie
las colocaciones chilenas de productos forestales, pesqueros,
agrícolas, ganaderos, además de pasta celulosa
y del cobre. Como se advierte, productos de altísima
tecnología.
El 92 por ciento de las exportaciones chilenas al gigante
asiático ingresará con arancel cero a ese país
desde el primer día de vigencia, que se estima será
en unos dos meses, contra el 50 por ciento de los productos
chinos que lleguen al mercado chileno. Las listas consideran
desgravaciones uno, cinco y diez años.
Algunos de los productos chilenos se favorecerán con
el desgraven inmediato y a cinco años están
el cobre y otros minerales, hortalizas, aceites de pescado,
pollos, cerdos, camarones congelados, duraznos y nectarines
frescos, quesos y duraznos en conserva.
En cambio, los productos chinos liberados de aranceles son
maquinarias, computadores, impresoras, celulares, automóviles,
DVD`s, entre otros. El ingreso de producción china
va a perjudicar a Argentina y Brasil, países con una
industria establecida y que colocan algunos de estos productos
en la nación del Pacífico Sur, y que ahora deberán
vérselas con la producción de escasísimos
costes de la industria amarilla.
Desde este medio hemos buscado destruir algunos mitos. Uno
de ellos dice que el camino hacia el desarrollo es el TLC.
Chile marcha en punta en este sentido, pero Perú y
Uruguay también levantan esta bandera. De ser cierto
este mito, en algunos años veremos cómo la nación
trasandina se parece cada día más a Noruega.
Esperemos que así sea, pero, sinceramente, lo creemos
difícil.
EE.UU. quiere meter la cola en las elecciones
de Brasil
Estados Unidos puso en marcha diversos mecanismos diplomáticos
para presionar al gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva,
enrarecer el escenario político brasileño y
contaminar con especulaciones el ambiente preelectoral. Como
una constante en los procesos populares del cono sur, el águila
no pudo con su genio y comenzó sobrevolar Basilia para
tomar partido e influir en el electorado. La situación
provocó la reacción inmediata de Hugo Chávez.
Con menos de una semana de diferencia, Washington le pidió
colaboración a Brasil en una posible transición
de poder en Cuba y le abrió la puerta al proyecto de
excluir a los productos del país amazónico de
su régimen de reducción de aranceles aduaneros
llamado Sistema de Preferencias Generalizadas (SPG).
Otra cuestión significativa es la cada vez más
plena concreción de una tendencia que comenzó
a principios de este año, cuando se tuvo la certeza
de que Da Silva iría pos su reelección: el arco
opositor, encabezado por el Partido de la Social Democracia
Brasileña (PSDB) y por su candidato Geraldo Alckmin,
unifica su discurso, día tras día, con los grandes
lineamientos de la Casa Blanca para América Latina
y la región del caribe.
Alckmin –ex Gobernador de San Pablo-, que marcha segundo
en las encuestas pero muy lejos del Presidente, señaló
que él no hubiese permitido que se perjudique a Brasil
como lo hizo Evo Morales con el decreto de nacionalización
de los hidrocarburos y prometió que “defenderá
el interés de Brasil por sobre el interés Bolivia
o de cualquier tercero".
Y en otro pasaje de sus declaraciones, el dirigente paulista
también cargó contra el Presidente venezolano:
"nadie duda del peso que tiene Venezuela, pero debemos
verificar varias cosas. Nosotros defendemos una economía
de mercado y Chávez defiende otro tipo de economía".
En tanto, el Subsecretario adjunto para Asuntos Latinoamericanos
del Departamento de Estado norteamericano, Thomas Shannon,
remarcó la importancia de que Brasil trabaje “para
demostrar su solidaridad democrática con el pueblo
cubano”. El pedido tendría carácter de
urgente porque, según el funcionario yanqui, “Cuba
vive un proceso de transferencia de poder en cámara
lenta”.
Shannon, que se pronunció en una conversación
por videoconferencia con el Consulado de Estados Unidos en
San Pablo, prometió: “van a continuar las consultas
para asegurar que Estados Unidos y Brasil actúen de
forma complementaria y reflejen nuestros valores políticos
y agenda común”.
Quien se acopló a la idea fue el presidente de honor
del PSDB, el ex presidente Fernando Enrique Cardoso, porque
considera que la política exterior de su país
revela “una fragilidad grande” y estima que un
acoplamiento con la administración Bush le devolverá
a Brasil el “liderazgo regional importante que ejerció
tradicionalmente”.
Fue el canciller brasileño Celso Amorim el encargado
de responder que “no hay ningún plan para después
de Fidel Castro porque Fidel Castro está vivo; y si
alguien tuviera que hacer algún plan serían
los cubanos, no son los norteamericanos ni los brasileños".
Amorim, hombre clave en el Ejecutivo y de estrecha confianza
de Da Silva, aclaró que "siempre cooperaremos
con el diálogo pero no para hacer un plan de lo que
debe ser el gobierno de Cuba porque el gobierno de Cuba es
cuestión de los cubanos".
Por otro lado, el senador estadounidense Chuck Grassley,
que lidera el comité de Finanzas del Senado, afirmó
que apoyará la exclusión de Brasil del SPG por
mantener éste una conducta que llevó al fracaso
de las negociaciones de la Organización Mundial del
Comercio (OMC).
Grassley dijo que Brasil, junto con India, han sido "grandes
obstáculos" en las reuniones de la OMC. La ofuscación
proviene por que ambos países lideran el Grupo de países
emergentes (G20), que lucha en la OMC contra los subsidios
agrícolas de Estados Unidos y Europa. De un tiempo
a esta parte, el G20 se ha mantenido en la postura de defender
los intereses de los Estados más postergados que, teniendo
una economía que muchas veces depende de la explotación
de la tierra, no pueden colocar su producción en los
principales mercados.
El SPG, establecido en 1974, permite que casi 150 países
en vías de desarrollo vendan sus productos a Estados
Unidos con derechos de aduana reducidos o nulos. El sistema
expira el 31 de diciembre y su continuidad debe obtener consentimiento
del Congreso. En 2005, Estados Unidos importó 26.700
millones de dólares bajo ese programa, 18 por ciento
más que en el 2004.
Según datos del Ministerio de Comercio Exterior brasileño,
el año pasado, Brasil exportó en total a Estados
Unidos 24.400 millones de dólares, de los cuales 3.600
-un 15 por ciento- fueron vendidos al mercado estadounidense
por medio del SGP.
De cancelarse los beneficios del SGP, Brasil perdería
entre 300 millones y 400 millones de dólares por año
en ingresos por exportaciones, según cálculos
de la Cámara Americana de Comercio de San Pablo. Las
cláusulas del SGP, dicen que Brasil tiene autorización
para exportar sin tarifas arancelarias 3.359 productos a Estados
Unidos, su principal socio comercial.
En contrapartida, Brasil percibe su exclusión como
una "presión ineficaz, injusta y contraproducente”,
porque considera que “no es una traba para ninguna negociación
en la OMC; es parte de la solución, no parte del problema".
Por su parte, Chávez salió al cruce de la sanción
que caería contra el socio mayor del Mercosur. “El
imperio pretende castigar a Brasil porque se ha comportado
de manera firme en la defensa de nuestros intereses regionales
en foros internacionales como la OMC”, opinó
el mandatario venezolano.
“Lula es el líder del Grupo de los 20, nació
para decirle a Europa y Estados Unidos que no firmaremos esos
convenios de libre comercio que ellos quieren firmar hasta
que no eliminen las medidas proteccionistas y los subsidios
inmorales a su propia producción agrícola",
agregó el Jefe de Gobierno de la República Bolivariana.
Chávez puso el ejemplo de Argentina en la década
del noventa, cuando mantenía “relaciones carnales”
con Estados Unidos y recibía preferencias arancelarias
“como una manera de fortalecer esa relación de
amo y esclavo”.
Tabaré juega con fuego
Decidido a impulsar un TLC con Washington, el gobierno del
Frente Amplio golpea al bloque sudamericano, miente y tiende
la mesa para la glotonería de las corporaciones transnacionales.
¡Ay Tabaré!...¿Qué estás
haciendo? ¿Acaso te creíste que la derecha y
la izquierda unidas jamás serán vencidas? Pues
ten cuidado, que así, así siempre gana la derecha.
Y si aceptamos ese principio "tabaretiano", de que
el comercio no tiene ideología (de dudosa seriedad
teórica por cierto), cambiemos entonces las denominaciones
de la ecuación y comprobaremos que cuando los débiles
se asocian con los fuertes, siempre pierden los primeros.
Que esta es la verdadera naturaleza dialéctica de
los Tratados de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos: tu
y yo abrimos nuestras economías y nuestros mercados,
pero como los míos son infinitamente mas grandes que
los tuyos, a ver, adivina adivinador, quién gana. Si
aciertas te haces acreedor de un pasaje a Disneyworld, con
todos los gastos pagos y, como reza el dicho popular, a llorar
a los portales.
El lunes pasado, el presidente de Uruguay, Tabaré
Vázquez, se reunió con la oposición (¿la
oposición?) de los partidos Blanco-Nacional y Colorado,
contra los mismos que el Frente Amplio luchó durante
décadas para acabar con la trampa bipartidista del
sistema de poder neoliberal. Buscó y logró los
apoyos que necesita para avanzar hacia la firma de un TLC
con Estados Unidos.
Ese proceso tiene fecha de largada, el próximo 1 de
octubre, día para el cual el gobierno ex progresista
de Uruguay tiene previsto contar con una agenda y una carpeta
de apreciaciones técnicas sector por sector, de forma
tal que estén dadas las condiciones para sumarse al
eje de Washington, tan empeñado en doblegar las tendencias
de resistencia que se manifiestan en el Mercado Común
del Sur (Mercosur) frente a la estrategia estadounidense para
la región.
Para sumarse al mismo bloque que acicatea toda discrepancia
o diferencia entre los países sudamericanos que, pese
a todo, se esfuerzan por no perder de vista la necesidad histórica
de integración. Porque la diplomacia de Estados Unidos
y del gran complejo corporativo de empresas transnacionales
están detrás de Brasil cuando éste se
opone ante la justa política nacionalizadora del presidente
Evo Morales en Bolivia; de Chile cuando su gobierno dice en
voz alta que la prioridad son los TLC y no el Mercosur, su
ámbito de pertenencia geográfica y cultural;
de Perú cuando el presidente Alan García se
alinea con Washington y encabeza la campaña de provocaciones
contra el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela.
Porque justamente Chávez y la incorporación
de la Venezuela bolivariana al MERCOSUR son puntos de inflexión
hacia el desarrolle del bloque, ya no como lo pretenden desde
el continuismo neoliberal, sino desde una mirada política
y estratégica, hacia la búsqueda de una América
del Sur como polo dentro del actual diseño mundial,
pero también en la exploración de un modelo
de organización económica, social y política
de nuevo tipo.
El MERCOSUR que tenemos en la actualidad dista mucho de poder
satisfacer esas necesidades sustantivas y cualitativas, es
cierto.
Pero como la única forma de alcanzar aquellos objetivos
es que él mismo continúe con su proceso histórico
-proceso que dictaminará hacia donde terminará
inclinándose la balanza, si hacia más neoliberalismo
o hacia un "mundo mejor"-, justamente es por eso
que el poder hegemónico (Estados Unidos y las fuerzas
sociales y políticas vernáculas asociadas) pretenden
abortar toda dialéctica de integración regional
de nuevo tipo. En definitiva, es por eso que la diplomacia
de Washington tiene entre sus objetivos principales disparar
bajo la línea de flotación del Mercosur.
Es en ese contexto donde debe ser ubicado el sentido último
de la estrategia de TLC trazada por Estados Unidos.
Y como pieza no inocente de ese tablero, el viraje de Tabaré
Vázquez requirió de un sistema de mentiras a
dos bandas. Mentiras dirigidas a su frente interno, es decir
a la sociedad uruguaya y mentiras ante sus asociados del Mercosur.
Comencemos por las primeras. Hace pocas semanas, en Caracas,
el presidente uruguayo dijo con toda claridad que un TLC con
Estados Unidos no figuraba en la agenda de su gobierno, cuando
al menos desde diciembre pasado, en plena Cumbre de las Américas,
en la ciudad argentina de Mar del Plata, se supo que funcionarios
del ministerio de Economía ya estaban trabajando en
ese sentido con sus colegas estadounidenses.
La mentira de Tabaré Vázquez podría
haber pasado como una más de las tantas mentiras de
la politiquería mundial pero, desde el punto de vista
del escenario regional, encierra una cadena de significados
muy especiales: desacredita los justos reclamos uruguayos
(y paraguayos) de un Mercosur más equitativo ante los
otros socios mayores (Brasil, Argentina y ahora también
Venezuela) y demuestra que este viraje del gobierno del Frente
Amplio no es el resultado de tal o cual coyuntura sino que
el mismo estaba previsto de antemano, casi calificando a sus
protagonistas de conspiradores contra las demandas sudamericanas
que nacieron a principios del siglo XIX, de la mano del proceso
independentista. Desde ese sitio al de traidores solo queda
un paso muy breve.
Ahora sí, las mentiras más graves son las que
pretenden engañar a los propios uruguayos.
Ellas son varias, aunque la más grosera es aquella
que dice sobre los beneficios que traería un TLC con
Estados Unidos para la economía del país: allí
están las cifras sobre empleo real, migraciones, monoproducciones
de productos primarios para el mercado global, deterioro del
medio ambiente y pobreza estructural que ofrecen los que ya
llevan tiempo con un TLC en vigencia, incluyendo el espejismo
de espejos rotos de la experiencia chilena, por no hablar
de las cuentas mexicanas.
Sin embargo, habría que destacar que los embustes
comienzan a transitar por ciertas cornisas inestables cuando
el engañado resulta ser uno mismo.
Allegados al presidente Vázquez reconocen que, con
la firma del TLC, el vislumbra un futuro "extraordinario",
que le permitiría al Frente Amplio continuar en el
gobierno después de la próximas elecciones presidenciales.
La alegría de Tabaré surgiría del resultado
de las últimas encuestas, que arrojan un aumento de
su popularidad y aceptación.
Lamentablemente, los encuestadores no son como las sirenas,
que siempre emiten cantos de dulzura. Ignacio Zuasnábar,
de la empresa Equipos Mori, de Montevideo, dijo "la mayoría
de los uruguayos está a favor de que el gobierno avance
en un TLC, aunque el problema para el gobierno es que el apoyo
de la mayoría se logra en buena medida por la aprobación
de los votantes de la oposición" (de los partidos
Nacional y Colorado).
En consecuencia podría suceder que el Frente Amplio
termine siendo un testaferro de aquellos que alguna vez fueron
sus enemigos. Ojalá que Tabaré reaccione a tiempo
y comprenda que cuando la derecha y la izquierda marchan unidas,
siempre gana la derecha. |